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Pregunta: "¿Cuánto de la Biblia se transmitió por tradición oral?"

Respuesta:
Primero, tenemos que distinguir entre la "tradición" y la "transmisión" oral. El término tradición implica una creencia o práctica de hace mucho tiempo que no está necesariamente relacionada con ningún hecho o prueba explícita. La transmisión es un método de pasar información. El contenido de la Biblia fue, en algunos casos, difundido por primera vez a través de la "transmisión" oral, pero no como resultado de la "tradición". Por el contrario, lo que se estaba transmitiendo era una explicación directa de hechos específicos sobre ciertas personas, lugares y épocas. En la mayoría de los casos, el texto bíblico fue puesto por escrito en el momento de, o poco después de, los eventos descritos.

Un buen ejemplo de esto es el libro de Lucas, que establece explícitamente sus orígenes en el capítulo 1. Lucas pone por escrito los resultados de su investigación, utilizando las experiencias de testigos oculares reales. Los historiadores han encontrado en Lucas una fuente de información precisa de primer orden. Algunas partes de este Evangelio podrían considerarse "transmisión oral" antes de su autoría, aunque muchos de los mismos hechos se encuentran en el Evangelio de Marcos que es un poco más antiguo.

Se cree que Marcos fue escrito alrededor del año 55 d.C., muy cercano a los eventos descritos para que caiga en la categoría de "tradición oral". Además, con frecuencia muchas personas olvidan que los Evangelios no son ni los primeros escritos cristianos ni las fuentes originales de su contenido. Las cartas de Pablo, por ejemplo, fueron escritas casi todas antes de los Evangelios. En 1 Corintios 15, Pablo describe los lineamientos básicos de la creencia cristiana. Dice que estos puntos son los que le enseñaron en su conversión, que ocurrió pocos años después de la resurrección.

Lo mismo se puede decir del Antiguo Testamento. Las palabras fueron escritas intencionalmente, para registrar el mensaje o los eventos que ocurrieron. Los libros del Antiguo Testamento no son colecciones de leyendas antiguas, redactadas en un lenguaje de "érase una vez", y no están separados de los hechos históricos.

Este registro directo de mensajes y eventos contrasta fuertemente con los escritos de otras religiones, como el islam. El Corán se transmitió exclusivamente en forma oral durante los 40 años de ministerio de Mahoma. Pequeñas porciones del Corán se escribieron en pedazos y fragmentos, pero nunca en forma manuscrita. Sólo después de la muerte de Mahoma sus palabras fueron recopiladas, las cuales fueron editadas y revisadas hasta que el califa Uthman destruyó las copias de la oposición. Además, una fuente importante del conocimiento islámico son los hadices, que son literalmente "tradiciones orales", ya que su único apoyo es la confianza en la integridad espiritual de sus fuentes. El proceso del islam para determinar esta confianza se conoce como Isnad.

Otro ejemplo de la separación del cristianismo de las "tradiciones" orales proviene del propio Jesús. Los fariseos habían usado las tradiciones orales como medio para interpretar la Ley de Moisés. Aunque Jesús hablaba muy bien de las Escrituras, condenó rotundamente la dependencia de la tradición oral debido a su tendencia de reflejar los deseos de los tradicionalistas, en lugar de la voluntad de Dios (véase Marcos 7:6-9).

La transmisión oral, en sí misma, no es en absoluto un método no fiable, sobre todo para los mensajes más sencillos. En una época en que la mayoría de la gente no leía ni escribía, la transmisión oral era común, y se consideraba imprescindible mantener las palabras originales exactas. La verdadera ventaja de un mensaje escrito sobre uno oral, es que la escritura conserva una copia instantánea de un mensaje de un momento en el tiempo. Se pueden comparar objetivamente las diferencias entre las distintas afirmaciones, y un mismo mensaje puede ser releído con idéntica precisión una y otra vez. Según pruebas internas y externas, las palabras de la Biblia se conservaron muy pronto en forma escrita como registros de hechos, no como tradiciones orales.