Pregunta
¿Qué es la teología revelada?
Respuesta
La teología revelada se refiere al conocimiento de Dios que proviene de Su propia revelación, principalmente a través de las Escrituras. Se distingue de la teología natural, que intenta conocer a Dios mediante la razón humana, la observación del mundo creado y la conciencia moral. La teología revelada afirma que, para que Dios sea verdaderamente conocido, Él mismo debe decidir darse a conocer.
La autorrevelación de Dios es el fundamento de la teología revelada. Si Dios no se revelara a sí mismo, sería inaccesible y, en última instancia, incognoscible para el ser humano. En la teología cristiana se reconocen dos tipos de revelación: la revelación general y la revelación especial. La revelación general, base de la teología natural, se manifiesta a través de la creación, la razón y la conciencia. El apóstol Pablo escribe: "Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa" (Romanos 1:20). La revelación especial, fundamento de la teología revelada, incluye los medios específicos que Dios ha utilizado para comunicar Su verdad de manera clara y redentora: las Escrituras, la profecía, Jesucristo, el Espíritu Santo y los apóstoles. Tanto la revelación general como la especial proceden de Dios y tienen como objeto revelar quién es Él y cuál es Su voluntad.
Las Escrituras constituyen la fuente principal de la teología revelada. Por esta razón, los creyentes están llamados a estudiar diligentemente la Palabra de Dios. Pablo exhorta a Timoteo: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad" (2 Timoteo 2:15).
La Biblia es la Palabra autoritativa de Dios y debe ser recibida como tal: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16–17). La teología revelada descansa sobre esta convicción fundamental.
En el Antiguo Testamento, Dios se reveló a través de los profetas. Estas revelaciones proféticas frecuentemente llamaban al arrepentimiento (por ejemplo, Ezequiel 18:21–22), pero también anunciaban eventos futuros, en particular la venida del Mesías. Un ejemplo claro se encuentra en Isaías 53:5, donde se profetiza acerca del Siervo sufriente: "Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados". Esta profecía se cumple plenamente en Jesucristo.
Jesucristo es la revelación culminante y definitiva de Dios. El evangelio de Juan declara: "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14). En la encarnación, Dios se dio a conocer de la manera más completa posible. La vida, muerte y resurrección de Jesús constituyen la máxima expresión de la revelación divina. El autor de Hebreos lo resume así: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo" (Hebreos 1:1–2).
La teología revelada proporciona un conocimiento de Dios que trasciende las limitaciones de la razón humana. Isaías expresa esta verdad al decir: "Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos" (Isaías 55:8–9). Dado que la teología natural es insuficiente para conocer plenamente a Dios, los creyentes deben depender de Su revelación escrita. Al hacerlo, crecen en la fe y en el conocimiento de Cristo, tal como exhorta el apóstol Pedro: "Crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad" (2 Pedro 3:18).
La autorrevelación de Dios es el fundamento de la teología revelada. Si Dios no se revelara a sí mismo, sería inaccesible y, en última instancia, incognoscible para el ser humano. En la teología cristiana se reconocen dos tipos de revelación: la revelación general y la revelación especial. La revelación general, base de la teología natural, se manifiesta a través de la creación, la razón y la conciencia. El apóstol Pablo escribe: "Porque desde la creación del mundo, Sus atributos invisibles, Su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que ellos no tienen excusa" (Romanos 1:20). La revelación especial, fundamento de la teología revelada, incluye los medios específicos que Dios ha utilizado para comunicar Su verdad de manera clara y redentora: las Escrituras, la profecía, Jesucristo, el Espíritu Santo y los apóstoles. Tanto la revelación general como la especial proceden de Dios y tienen como objeto revelar quién es Él y cuál es Su voluntad.
Las Escrituras constituyen la fuente principal de la teología revelada. Por esta razón, los creyentes están llamados a estudiar diligentemente la Palabra de Dios. Pablo exhorta a Timoteo: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad" (2 Timoteo 2:15).
La Biblia es la Palabra autoritativa de Dios y debe ser recibida como tal: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16–17). La teología revelada descansa sobre esta convicción fundamental.
En el Antiguo Testamento, Dios se reveló a través de los profetas. Estas revelaciones proféticas frecuentemente llamaban al arrepentimiento (por ejemplo, Ezequiel 18:21–22), pero también anunciaban eventos futuros, en particular la venida del Mesías. Un ejemplo claro se encuentra en Isaías 53:5, donde se profetiza acerca del Siervo sufriente: "Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados". Esta profecía se cumple plenamente en Jesucristo.
Jesucristo es la revelación culminante y definitiva de Dios. El evangelio de Juan declara: "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14). En la encarnación, Dios se dio a conocer de la manera más completa posible. La vida, muerte y resurrección de Jesús constituyen la máxima expresión de la revelación divina. El autor de Hebreos lo resume así: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo" (Hebreos 1:1–2).
La teología revelada proporciona un conocimiento de Dios que trasciende las limitaciones de la razón humana. Isaías expresa esta verdad al decir: "Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos" (Isaías 55:8–9). Dado que la teología natural es insuficiente para conocer plenamente a Dios, los creyentes deben depender de Su revelación escrita. Al hacerlo, crecen en la fe y en el conocimiento de Cristo, tal como exhorta el apóstol Pedro: "Crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad" (2 Pedro 3:18).