Pregunta
¿Quiénes eran los setenta ancianos de Israel?
Respuesta
En el Antiguo Testamento, los ancianos eran hombres elegidos para dirigir por causa de su sabiduría, sus dotes de liderazgo y su probada integridad. Israel ya contaba con ancianos incluso antes de que Dios liberara a la nación de la esclavitud en Egipto, pero no sabemos cuántos eran. Dios envió a Moisés a pedir apoyo a esos ancianos antes de que se presentara ante el faraón (Éxodo 3:16). Cada una de las doce tribus tenía sus propios ancianos que representaban los intereses de esa tribu (Números 1:16; 13:2–3).
En Éxodo 24:1–2, leemos acerca de los setenta ancianos de Israel: "Entonces Dios dijo a Moisés: "Sube hacia el Señor, tú y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel, y adorarán desde lejos. Sin embargo, Moisés se acercará solo al Señor. Ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él"". Los setenta ancianos se mencionan como una unidad y probablemente constituían un grupo distinto seleccionado de entre los muchos otros ancianos de Israel. Aunque no lo sabemos con certeza, estos setenta eran probablemente algunos de los hombres que Moisés eligió tras seguir el consejo de su suegro, Jetro (Éxodo 18:13–26). En ese caso, eran "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas" (Éxodo 18:21), y "que juzguen al pueblo en todo tiempo" (versículo 22).
Los setenta ancianos que acompañaron a Moisés parte del camino hacia el monte Sinaí tuvieron el privilegio de experimentar a Dios de manera más íntima que el resto de Israel: "Y subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel. Debajo de Sus pies había como un embaldosado de zafiro, tan claro como el mismo cielo. Pero Él no extendió Su mano contra los príncipes de los israelitas. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron" (Éxodo 24:9-11).
Con el paso del tiempo, el Señor ordenó a Moisés que eligiera a setenta ancianos y se colocara a la entrada del tabernáculo, pues allí el Señor mismo descendería (Números 11:16-17). Es posible que estos setenta ancianos fueran los mismos que Moisés había elegido para subir al Sinaí, aunque las Escrituras no lo afirman de manera definitiva. El Señor le aseguró a Moisés que pondría parte del poder de Su Espíritu sobre cada uno de estos varones para que le ayudaran a sostener la carga de toda la nación (Números 11:17). Cuando el Espíritu de Dios reposó sobre los ancianos, cada uno profetizó por única vez, lo que indicaba que había sido ungido por Dios para este noble cargo.
La práctica de mantener setenta ancianos en Israel continuó durante un tiempo, si bien desconocemos su duración precisa. Los textos bíblicos no mencionan a estos setenta ancianos ni en los años de los jueces ni en los de los reyes. Ya en el exilio, el profeta Ezequiel tiene una visión en la que un grupo de "setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel" se dedican a la idolatría en el templo (Ezequiel 8:11). El hecho de que haya "setenta" líderes idólatras es, sin duda, una alusión a los setenta ancianos de la época de Moisés que, a diferencia de los setenta ancianos de Ezequiel, ayudaron a guiar al pueblo por el camino correcto. Posteriormente, en la historia judía, un tribunal de setenta ancianos conformó el Sanedrín, el supremo órgano gobernante de Israel. Su composición de setenta miembros se fundamentaba en las antiguas instrucciones divinas dadas a Moisés. Lamentablemente, fue este mismo cuerpo el que promovió la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 26:59).
El número 70 aparece con significado especial en las Sagradas Escrituras. Nuestro Señor Jesucristo escogió a setenta (algunos manuscritos indican setenta y dos) discípulos para que llevaran Su mensaje a las ciudades vecinas (Lucas 10:1). Israel padeció setenta años de cautiverio en Babilonia (Jeremías 29:10), la visión profética de Daniel incluía setenta "semanas" (Daniel 9:24), y, por supuesto, el Señor designó a setenta ancianos para ayudar a guiar al pueblo de Israel.
El liderazgo espiritual es una gran responsabilidad, y Dios exige a los líderes un nivel más alto (Santiago 3:1). A los setenta ancianos de Israel se les concedieron privilegios maravillosos, pero también tenían responsabilidades muy importantes. Cuando Dios nos confía el liderazgo espiritual, debemos permanecer humildes, fieles y obedientes para que algún día podamos oírle decir: "Bien, siervo bueno y fiel...entra en el gozo de tu señor" (Mateo 25:23).
En Éxodo 24:1–2, leemos acerca de los setenta ancianos de Israel: "Entonces Dios dijo a Moisés: "Sube hacia el Señor, tú y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel, y adorarán desde lejos. Sin embargo, Moisés se acercará solo al Señor. Ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él"". Los setenta ancianos se mencionan como una unidad y probablemente constituían un grupo distinto seleccionado de entre los muchos otros ancianos de Israel. Aunque no lo sabemos con certeza, estos setenta eran probablemente algunos de los hombres que Moisés eligió tras seguir el consejo de su suegro, Jetro (Éxodo 18:13–26). En ese caso, eran "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas" (Éxodo 18:21), y "que juzguen al pueblo en todo tiempo" (versículo 22).
Los setenta ancianos que acompañaron a Moisés parte del camino hacia el monte Sinaí tuvieron el privilegio de experimentar a Dios de manera más íntima que el resto de Israel: "Y subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel. Debajo de Sus pies había como un embaldosado de zafiro, tan claro como el mismo cielo. Pero Él no extendió Su mano contra los príncipes de los israelitas. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron" (Éxodo 24:9-11).
Con el paso del tiempo, el Señor ordenó a Moisés que eligiera a setenta ancianos y se colocara a la entrada del tabernáculo, pues allí el Señor mismo descendería (Números 11:16-17). Es posible que estos setenta ancianos fueran los mismos que Moisés había elegido para subir al Sinaí, aunque las Escrituras no lo afirman de manera definitiva. El Señor le aseguró a Moisés que pondría parte del poder de Su Espíritu sobre cada uno de estos varones para que le ayudaran a sostener la carga de toda la nación (Números 11:17). Cuando el Espíritu de Dios reposó sobre los ancianos, cada uno profetizó por única vez, lo que indicaba que había sido ungido por Dios para este noble cargo.
La práctica de mantener setenta ancianos en Israel continuó durante un tiempo, si bien desconocemos su duración precisa. Los textos bíblicos no mencionan a estos setenta ancianos ni en los años de los jueces ni en los de los reyes. Ya en el exilio, el profeta Ezequiel tiene una visión en la que un grupo de "setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel" se dedican a la idolatría en el templo (Ezequiel 8:11). El hecho de que haya "setenta" líderes idólatras es, sin duda, una alusión a los setenta ancianos de la época de Moisés que, a diferencia de los setenta ancianos de Ezequiel, ayudaron a guiar al pueblo por el camino correcto. Posteriormente, en la historia judía, un tribunal de setenta ancianos conformó el Sanedrín, el supremo órgano gobernante de Israel. Su composición de setenta miembros se fundamentaba en las antiguas instrucciones divinas dadas a Moisés. Lamentablemente, fue este mismo cuerpo el que promovió la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 26:59).
El número 70 aparece con significado especial en las Sagradas Escrituras. Nuestro Señor Jesucristo escogió a setenta (algunos manuscritos indican setenta y dos) discípulos para que llevaran Su mensaje a las ciudades vecinas (Lucas 10:1). Israel padeció setenta años de cautiverio en Babilonia (Jeremías 29:10), la visión profética de Daniel incluía setenta "semanas" (Daniel 9:24), y, por supuesto, el Señor designó a setenta ancianos para ayudar a guiar al pueblo de Israel.
El liderazgo espiritual es una gran responsabilidad, y Dios exige a los líderes un nivel más alto (Santiago 3:1). A los setenta ancianos de Israel se les concedieron privilegios maravillosos, pero también tenían responsabilidades muy importantes. Cuando Dios nos confía el liderazgo espiritual, debemos permanecer humildes, fieles y obedientes para que algún día podamos oírle decir: "Bien, siervo bueno y fiel...entra en el gozo de tu señor" (Mateo 25:23).