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Pregunta: "¿Qué dice la Biblia sobre las represalias?"

Respuesta:
Tomar represalias es devolver lo mismo. Por lo general, hablamos de represalias en contextos negativos, por lo que se refiere a devolver mal por mal. Alguien nos hiere; nosotros se lo devolvemos. Vengarse es una reacción natural cuando nos hacen daño, pero Dios nos llama a vivir más allá de nuestras acciones naturales. Él demostró la santidad a través de Su hijo Jesucristo, y nos ofrece capacitarnos a través de Su Espíritu Santo para que podamos vivir y superar nuestros instintos egoístas. Los caminos de Dios no son como los nuestros, por lo que lo que la Biblia dice sobre las represalias puede contradecir lo que naturalmente sentimos (Isaías 55:9; 1 Corintios 1:27-29).

El mundo recurre a la represalia para corregir el daño causado. Pero la manera de Dios es que hará que a su "enemigo le arda la cara de vergüenza" y no se rebajara al mismo nivel que el ofensor (Proverbios 25:22 - TLA; Romanos 12:20). Cuando nos vengamos con mal por mal, estaremos acompañando a quien nos ofende en su error. Jesús nos dijo que no devolvamos mal por mal, sino que venzamos el mal con el bien (Romanos 12:21; Mateo 5:39). La represalia es cuando arrebatamos los asuntos de las manos de Dios e intentamos arreglar las cosas nosotros mismos. Sin embargo, Dios dijo: "Mía es la venganza, yo daré el pago" (Hebreos 10:30). Romanos 12:19 nos da claras instrucciones de cómo deben responder los cristianos cuando son perjudicados: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor".

Estos mandamientos contra las represalias son para las personas, y no deben aplicarse de forma ilimitada a los países o a las fuerzas de la ley. Si intentamos aplicar las palabras de Jesús de amar a los demás a los asuntos de seguridad nacional, pierden sentido. Los seguidores de Jesús debemos tratar de practicar todos los principios bíblicos en nuestra vida personal y familiar. Pero los gobiernos deben funcionar bajo una norma diferente. El gobierno fue instituido por Dios para el bien común de un pueblo (Romanos 13:1-2). Hay momentos en los que un país debe tomar represalias con el fin de mantener su libertad y su pueblo, como por ejemplo la respuesta de los Estados Unidos al bombardeo de Pearl Harbor por parte de Japón en 1941. Dios permite que un país utilice la fuerza y tome represalias contra otros países en defensa de sus ciudadanos (1 Samuel 15:2-3; 1 Samuel 30:1-2, 8, 17-18). El Estado también puede "tomar represalias" contra los que infringen la ley por el bien común (Romanos 13:3).

Los mandatos de Dios siempre se refieren a las actitudes del corazón (1 Samuel 16:7; Marcos 2:8). Él ha dado mandatos para controlar los comportamientos externos porque conoce la maldad interna que los motiva (Mateo 15:18-19). Un hombre que usa un arma para vengarse de su vecino porque no le cortó el césped está pecando porque su motivación es la represalia egoísta. Sin embargo, ese mismo hombre que usa un arma para proteger a su familia de un ladrón no está pecando porque su motivación es proteger a los inocentes, no es la venganza.

Nuestro trabajo como cristianos es perdonar, no tomar represalias (Lucas 6:27-31). Podemos fijar límites adecuados en las relaciones destructivas. Podemos protegernos de un daño mayor y denunciar a las autoridades cuando alguien viola la ley (Santiago 5:20). Pero las Escrituras nunca aprueban la justicia personal. Dos errores no equivalen a un acierto. Tenemos una Autoridad Superior ante la cual debemos rendir cuentas, que ha prometido hacer justicia a todos los daños causados a Sus siervos (Isaías 54:17). Cuando seguimos sus mandamientos de amar, perdonar y hacer el bien a los que nos ofenden (Mateo 5:44), podemos confiar en que nuestro Defensor hará lo correcto.



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