Pregunta

¿Cuál es el reino inconmovible en Hebreos 12:28?

Respuesta
Las naciones, los países y los reinos de este mundo surgen y caen. Incluso aquellos que alguna vez parecieron inquebrantables, como el reino de Egipto, el Imperio Romano y el Imperio Otomano, finalmente se derrumbaron después de siglos de acumular poder, riqueza y dominio generalizado. Pero el reino de Dios posee una fuerza y una permanencia de un tipo completamente diferente. Por eso Hebreos 12:28 dice: "Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia".

La palabra traducida como "que es inconmovible" proviene del término griego asaluetos, que describe algo que es firme, estable e inamovible. El reino de Dios es permanente. Ningún rival ni arma puede amenazar su existencia o frustrar su avance. Jesús utiliza la misma raíz griega para describir cómo, en los últimos tiempos, incluso la creación será menos estable que el reino de Dios: "Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas" (Mateo 24:29; 2 Pedro 3:10, 12).

Este reino que no puede ser sacudido se refiere al gobierno de Dios. Su reino no se limita a una sola nación o a un evento futuro, sino que abarca Su reinado soberano sobre todas las cosas. Esto incluye Su reinado sobre la creación, como dice el Salmo 47:7: "Porque Dios es Rey de toda la tierra; canten alabanzas con armonioso salmo". También incluye Su reinado sobre Israel, como declara Isaías 33:22: "Porque el Señor es nuestro juez, El Señor es nuestro legislador, El Señor es nuestro rey; Él nos salvará". Además, Dios reina sobre las naciones gentiles, como afirma Daniel 4:17: "El Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da a quien le place". Aunque el reino de Dios a veces puede ser menos visible, menos reconocido y menos respetado, no obstante, está presente, se mantiene y es victorioso.

Dios prometió que un descendiente de David presidiría Su reino. A través del profeta Natán, Dios le dijo a David: "Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. Él edificará casa a Mi nombre, y Yo estableceré el trono de su reino para siempre" (2 Samuel 7:12-13; cf. Isaías 9:6-7).

Jesús es el Rey prometido de la descendencia de David. Él inauguró el reino de Dios durante Su ministerio terrenal, como lo registra Marcos: "Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios. El tiempo se ha cumplido, decía, y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio" (Marcos 1:14-15).

Jesús también enseñó que, aunque el reino se había acercado, su plena realización está en el futuro. Cuando Cristo regrese a la tierra, se establecerá como rey en Jerusalén, sentado en el trono de David (Lucas 1:32-33). Será un tiempo de paz (Miqueas 4:2-4; Isaías 32:17-18), gozo (Isaías 61:7, 10) y consuelo (Isaías 40:1-2). "Sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra" (Isaías 11:4).

Un poderoso contraste entre el reino que no puede ser sacudido y los reinos tambaleantes de este mundo aparece en la visión que Dios le dio a Nabucodonosor en Daniel 2: una estatua de varios niveles que representa una sucesión de imperios mundiales. Cada reino terrenal, ya fuera representado por oro, plata, bronce o hierro, estaba destinado a la destrucción. El rey de Babilonia vio cómo "una roca de una montaña fue cortada, pero no por manos humanas" (Daniel 2:34, NTV). La roca golpeó la imagen y "la estatua quedó reducida a pequeños trozos...Luego el viento se los llevó sin dejar rastro alguno" (Daniel 2:35, NTV). Y entonces la roca se convirtió en un reino inquebrantable: "La roca que derrumbó la estatua se convirtió en una gran montaña que cubrió toda la tierra" (Daniel 2:35, NTV).

Los reinos de este mundo surgirán y caerán, pero el reino de Dios es eterno. En palabras de Daniel: "El Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo. Desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre" (Daniel 2:44).

A pesar de todas las apariencias y del poder y la grandeza de los grandes imperios de la historia, el reino de Dios es el único reino inconmovible.