Pregunta

¿Qué significa "No quebrará la caña cascada, Ni apagará la mecha que humea" en Mateo 12:20?

Respuesta
"No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea" (Mateo 12:20). Tal y como lo traduce la NVI: "No acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde". Mateo cita aquí una profecía de Isaías 42 que apuntaba a las acciones y el comportamiento del Mesías venidero, Jesucristo. En la profecía, la "caña cascada" y la "mecha que humea" se refieren a los débiles espiritual, física o moralmente. Una caña cascada puede estar dañada, pero no es irreparable. La "mecha que humea" puede estar a punto de perder su fuego por completo, pero aún puede reavivarse.

La "mecha que humea" es una referencia a la mecha de una lámpara. Las lámparas de la antigüedad estaban hechas de arcilla y se llenaban de aceite de oliva; la mecha de una lámpara de este tipo consistía en unos pocos hilos de fibra de lino o hilo de algodón retorcido. La mecha de lino se consumía rápidamente y era difícil mantenerla encendida. La palabra griega traducida como "mecha" en Mateo 12:20 es linon, relacionada con nuestra palabra "lino". La NBLA y otras versiones traducen la palabra como "mecha", y la NTV la traduce como "vela".

Para comprender mejor la afirmación de que Jesús no apagaría la mecha que humea en Mateo 12:20, resulta útil volver a la profecía original.

A partir de Isaías 39:5-7, el profeta Isaías le dice al rey Ezequías que Judá va a ser llevada cautiva por los babilonios: "Ciertamente vienen días cuando todo lo que hay en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará, dice el Señor. Y algunos de tus hijos que saldrán de ti, los que engendrarás, serán llevados y serán oficiales para servir en el palacio del rey de Babilonia".

Sin duda, esta terrible noticia sembró el temor en los corazones del pueblo de Judá. Pero, tras ese anuncio, Dios ofrece Su garantía de que el pueblo de Israel recibiría su ayuda. En última instancia, esta ayuda vendría por medio del Mesías. Isaías 40 y 41 contienen algunas grandes profecías mesiánicas. Dios deja claro que, aunque estaba ejerciendo juicio contra Israel por sus pecados, seguía amando a Su pueblo y tenía un plan para su redención.

En Isaías 42:1-4, encontramos otra profecía:

"Este es Mi Siervo, a quien Yo sostengo,

Mi escogido, en quien Mi alma se complace.

He puesto Mi Espíritu sobre Él;

Él traerá justicia a las naciones.

No clamará ni alzará Su voz,

Ni hará oír Su voz en la calle.

No quebrará la caña cascada,

Ni apagará la mecha que casi no arde;

Con fidelidad traerá justicia.

No se desanimará ni desfallecerá

Hasta que haya establecido en la tierra la justicia.

Su ley esperarán las costas".

Mateo señala el cumplimiento de este pasaje. Dios había prometido llevar consuelo y ayuda a Israel, y lo hizo a través de Su Hijo unigénito, Jesús. Aunque Dios tenía sin duda un plan para Israel en relación con su cautiverio en Babilonia, la redención de la que hablaba Isaías era principalmente espiritual, más que física. Todo Israel estaba bajo la maldición del pecado, y Jesús vino a redimirlos del pecado (ver Lucas 5:31-32).

En Mateo 12, Jesús sana a un hombre con una mano atrofiada y más tarde sana a todos los enfermos de entre la multitud que le seguía. Aquellos a quienes sanó eran la "caña cascada" y la "mecha que humea" del versículo 20. La profecía era que Jesús no apagaría la llama agonizante de aquellos que le necesitaban. En Su gracia y misericordia, no apagaría las brasas moribundas de fe que encontraba; más bien, se proponía avivar esas llamas para que ardieran con fuerza por Él.

Una mecha que humea y arde lentamente se encuentra en una situación precaria. Es débil; las brasas están a punto de perder todo el calor y la luz que tenían y de oscurecerse para siempre. Hay muchas personas en un estado similar: han sido heridas emocional, espiritual o físicamente. Son débiles y están a punto de perder toda esperanza. Pero entonces Dios interviene. La profecía que Jesús cumplió es que no apagaría la mecha que humea. Es una profecía que habla del cuidado compasivo de Cristo por los frágiles, los desmoralizados y los explotados.

La mujer pecadora que ungió los pies de Jesús en Lucas 7 era una "mecha que humea", y Jesús defendió su presencia y perdonó su pecado. La viuda de Naín era una "mecha que humea" mientras caminaba en el cortejo fúnebre de su único hijo, pero Jesús le devolvió la vida a su hijo y convirtió su dolor en gozo. El hombre con el niño poseído por un demonio era una "mecha que humea" cuando gritó: "Creo; ayúdame en mi incredulidad" (Marcos 9:24), y Jesús le concedió la fe que pedía y liberó a su hijo de la esclavitud. El paralítico que yacía indefenso junto al estanque de Betesda era una "mecha que humea" en Juan 5, y Jesús cambió su vida para siempre. Una y otra vez en los evangelios, vemos a Jesús cuidando de las "mechas que humean" del mundo.

Aquellos que han sido salvados por la fe en Cristo compartirán el deseo de Jesús de buscar a los débiles y temblorosos e impartirles el amor de Dios. Así como Jesús no apagó la mecha que humea, los creyentes avivarán las llamas de la fe vacilante en aquellos que luchan. Al hacerlo, los creyentes pueden igualmente "con fidelidad [traer] justicia", tal como profetizó Isaías hace tanto tiempo.