Pregunta

¿Qué significa "todos estos murieron en fe" (Hebreos 11:13)?

Respuesta
Hebreos 11:13 dice: "Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra". ¿Quiénes son los "todos" en este versículo? ¿Qué significa que murieron "en fe"?

En la sección previa a Hebreos 11:13, el autor menciona a Abel (versículo 4), Enoc (versículo 5), Noé (versículo 7) y Abraham y Sara (versículos 8–12). El "todos" de Hebreos 11:13 se refiere a estos personajes. Y aunque Enoc "fue trasladado al cielo para que no viera muerte" (Hebreos 11:5), agradó a Dios viviendo por fe, por lo cual se incluye entre quienes "murieron en fe" en el sentido de permanecer fieles hasta el final (Hebreos 11:13).

Morir en la fe significa morir confiando en las promesas de Dios. Es importante notar que las personas mencionadas no vieron cumplido lo prometido, pero creyeron en aquello que aún no veían. No murieron desesperadas, sino con la convicción de que las promesas de Dios se cumplirían. Dependían de la fidelidad de Dios, incluso cuando Sus promesas no se materializaron en vida.

El escritor continúa: "Sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra" (Hebreos 11:13). La fe de Abel, Enoc, Noé, Abraham y Sara miraba hacia el futuro. Ellos anticiparon las promesas y las aceptaron como seguras y confiables. Como extranjeros en este mundo, entendían que su herencia verdadera no era terrenal.

¿Qué promesas les hizo Dios? A Abraham y Sara les prometió tierra, descendencia y bendición para todas las naciones (Génesis 12:1–3). El cumplimiento comenzó con el nacimiento de Isaac, pero la plenitud de esa promesa trascendió sus vidas.

Las promesas de Dios apuntaban a algo aún mayor: "Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos" (Hebreos 11:16). No se aferraban a una herencia terrenal; deseaban a Dios y una ciudad "cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Hebreos 11:10). Su fe no fue defraudada porque su mirada estaba puesta en lo eterno.

El tema de la fe persistente recorre toda la Escritura y alcanza su mayor expresión en Hebreos 11. Este capítulo enumera a santos que esperaban el cumplimiento de las promesas de Dios en Cristo. Abraham fue uno de ellos, y Jesús testificó de su fe: "Abraham, el padre de ustedes, se regocijó esperando ver Mi día; y lo vio y se alegró" (Juan 8:56). Abraham confió en Dios, quien hace lo imposible. Pablo escribe: "No titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo" (Romanos 4:20–21). Abraham esperaba la venida del Mesías y, como los demás, "murió en fe" (Hebreos 11:13).

Hebreos 11:13 nos anima a vivir con una perspectiva eterna. Debemos confiar en que Dios "[hace que] todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito" (Romanos 8:28), aun cuando no veamos el cumplimiento de Sus promesas en esta vida. Así, cuando llegue nuestra hora, también "moriremos en fe" (Hebreos 11:13).