Pregunta
¿Qué dice la Biblia sobre las experiencias cercanas a la muerte?
Respuesta
Una experiencia cercana a la muerte (ECM) es un suceso en el que una persona, al borde de morir, revive y relata posteriormente una experiencia espiritual durante el tiempo que estuvo inconsciente o clínicamente muerta. Los testimonios suelen ser vívidos e incluyen sensaciones de salir del cuerpo, encuentros con familiares fallecidos, la visión de una luz blanca o incluso escenas del cielo o del infierno. Sin embargo, las Escrituras no respaldan las experiencias cercanas a la muerte como revelaciones divinas o fuentes de verdad espiritual.
Algunos citan 2 Corintios 12:2–4 como evidencia bíblica de una ECM. En ese pasaje, Pablo escribe: "Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco a tal hombre (si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables que al hombre no se le permite expresar".
No obstante, aplicar esta experiencia de Pablo al concepto moderno de una ECM es forzar el texto. Pablo no dice que estuviera muriendo ni que experimentara una resucitación; simplemente relata una visión celestial que Dios le concedió. Su experiencia fue sobrenatural, pero no se describe como un episodio entre la vida y la muerte.
Dicho esto, no es imposible que Dios le dé a alguien una visión del cielo o del más allá, incluso en momentos cercanos a la muerte. Si Él decide revelar algo a una persona que sufre un trauma, tiene plena autoridad para hacerlo. Sin embargo, con la finalización del canon bíblico, tales visiones no deben considerarse normativas para los creyentes. Además, Pablo mismo señaló que "a nadie le está permitido contar" lo que oyó (2 Corintios 12:4), lo que contrasta con los numerosos relatos modernos de quienes dicen haber visto y relatado el cielo.
Debemos ser muy cuidadosos al evaluar este tipo de experiencias. La prueba definitiva de cualquier testimonio espiritual debe ser la Palabra de Dios. Satanás puede presentarse "como ángel de luz" (2 Corintios 11:14), y muchas experiencias que parecen buenas o inspiradoras podrían ser engaños. La Biblia, no las sensaciones personales, debe tener la última palabra.
No sería correcto afirmar que todas las experiencias cercanas a la muerte son falsas, imaginarias o satánicas, pero sí debemos tratarlas con cautela y discernimiento bíblico. Si una experiencia verdaderamente proviene de Dios, se alineará con lo que Él ya ha revelado en las Escrituras y traerá gloria únicamente a Jesucristo.
Algunos citan 2 Corintios 12:2–4 como evidencia bíblica de una ECM. En ese pasaje, Pablo escribe: "Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco a tal hombre (si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables que al hombre no se le permite expresar".
No obstante, aplicar esta experiencia de Pablo al concepto moderno de una ECM es forzar el texto. Pablo no dice que estuviera muriendo ni que experimentara una resucitación; simplemente relata una visión celestial que Dios le concedió. Su experiencia fue sobrenatural, pero no se describe como un episodio entre la vida y la muerte.
Dicho esto, no es imposible que Dios le dé a alguien una visión del cielo o del más allá, incluso en momentos cercanos a la muerte. Si Él decide revelar algo a una persona que sufre un trauma, tiene plena autoridad para hacerlo. Sin embargo, con la finalización del canon bíblico, tales visiones no deben considerarse normativas para los creyentes. Además, Pablo mismo señaló que "a nadie le está permitido contar" lo que oyó (2 Corintios 12:4), lo que contrasta con los numerosos relatos modernos de quienes dicen haber visto y relatado el cielo.
Debemos ser muy cuidadosos al evaluar este tipo de experiencias. La prueba definitiva de cualquier testimonio espiritual debe ser la Palabra de Dios. Satanás puede presentarse "como ángel de luz" (2 Corintios 11:14), y muchas experiencias que parecen buenas o inspiradoras podrían ser engaños. La Biblia, no las sensaciones personales, debe tener la última palabra.
No sería correcto afirmar que todas las experiencias cercanas a la muerte son falsas, imaginarias o satánicas, pero sí debemos tratarlas con cautela y discernimiento bíblico. Si una experiencia verdaderamente proviene de Dios, se alineará con lo que Él ya ha revelado en las Escrituras y traerá gloria únicamente a Jesucristo.