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Pregunta: "¿Qué dice la Biblia sobre la ética del trabajo? ¿Qué es la ética cristiana del trabajo?"

Respuesta:
Colosenses 3:23-25 dice: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Efesios 6:7-8 comparte un concepto similar: "Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre". Básicamente, ésta es la ética cristiana del trabajo. Se nos ordena poner nuestro mejor esfuerzo, trabajar de todo corazón y con nuestras fuerzas en cualquier cosa que hagamos. Somos responsables ante Dios y administradores de los dones que nos ha dado. Nuestro trabajo es fruto de nuestro agradecimiento a Él.

Dios instituyó el trabajo con la creación, antes de la caída. Génesis 2:15 dice: "Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase". Después de que Adán y Eva pecaron, el trabajo se convirtió en trabajo (Génesis 3:17-19), pero el trabajo mismo está incluido en la parte de la creación que dice: "era bueno" (Génesis 1:31).

En todo el Antiguo Testamento, Dios dio a los israelitas instrucciones específicas sobre cómo realizar su trabajo. También dio instrucciones sobre cómo proveer a los que tenían menos: "Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo el Señor vuestro Dios" (Levítico 23:22). Este mandato confirma la importancia del trabajo. Dios no le dice al pueblo que coseche todo y luego simplemente dé comida a los pobres. Por el contrario, les dice que dejen suficiente grano para que los pobres puedan trabajar por sí mismos. El trabajo nos da un sentido de propósito, productividad y dignidad.

En los Proverbios y en el Eclesiastés hay algunos dichos sabios sobre el trabajo. Proverbios 14:23 dice: "En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen". Proverbios 6:6-11 dice: "Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado". Eclesiastés 9:10 dice: "Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas". Se confirma una sólida ética del trabajo, así como advertencias sobre la holgazanería.

El Nuevo Testamento contiene otro principio importante respecto al trabajo: "Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma" (2 Tesalonicenses 3:10); es decir, la negativa de un hombre capacitado a trabajar debe tener como consecuencia que le falte el alimento. Pablo también dice que un hombre "que ande desordenadamente" que se niega a trabajar no debe formar parte de la iglesia (versículo 6). Pablo y sus compañeros dieron un buen ejemplo de trabajo arduo: "Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros" (versículos 7-8).

Los cristianos deben trabajar con ahínco. El trabajo es parte integral de la vida, y considerar el trabajo como algo dado por Dios nos permitirá disfrutar más de él. Podemos trabajar con alegría y sin quejarnos porque estamos trabajando para el Señor que nos ama y nos ha redimido. Una buena ética de trabajo también puede ser un testimonio para los demás (Mateo 5:16). El mundo se da cuenta de nuestros esfuerzos y se pregunta por qué hacemos lo que hacemos.

Es importante señalar que la Biblia no aprueba la adicción al trabajo. No trabajamos simplemente para acumular riquezas materiales (de hecho, Mateo 6:19-34 lo advierte). Trabajamos para dar gloria a Dios. Tampoco trabajamos hasta el punto de dañar nuestra salud o hacer sufrir a nuestras familias.

Dios está más interesado en la relación con nosotros que en lo que hacemos. Dios instituyó el día de reposo al principio de la creación. Hizo la obra de la creación durante seis días y luego cesó. Dios es omnipotente; no necesitaba descansar; nos estaba dando un ejemplo. En los Diez Mandamientos, Dios confirmó la importancia del trabajo y del descanso. "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para el Señor tu Dios; no hagas en él obra alguna" (Éxodo 20:9-10). Luego, vemos que Dios incluso exigió un día de reposo para los campos (ver Levítico 27). Aunque las leyes específicas relativas al día de reposo ya no se aplican a los creyentes, se nos dice que "el día de reposo fue hecho por causa del hombre" (Marcos 2:27). Es un don que debemos aceptar. Así que, aunque los cristianos están llamados a tener una sólida ética de trabajo y a trabajar arduamente en todo lo que hacen, también están llamados a tomar tiempos de descanso.

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