Pregunta
¿Qué significa que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley (Romanos 5:13)?
Respuesta
En Romanos 5:12-21, el apóstol Pablo contrapone a Adán (la cabeza de la antigua raza humana no regenerada) y a Jesucristo (la Cabeza de una nueva creación). Pablo comienza hablando del período anterior a la entrega de la Ley de Moisés a Israel. Explica que, a causa de la desobediencia de Adán, el pecado y la muerte entraron en el mundo y se extendieron a todos. A continuación, Pablo afirma: "Pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de Aquel que había de venir" (Romanos 5:13–14).
La frase "el pecado no se toma en cuenta" significa que el pecado no se le cuenta a alguien ni se le carga a su cuenta. El verbo traducido como "tomar en cuenta" (ellogeitai en griego) es un término jurídico y financiero que se refiere a atribuir a alguien responsabilidad o culpa, o a acreditar o cargar algo a su cuenta. Pablo utiliza el concepto de imputación en Romanos 5:13 para describir cómo Dios evalúa las acciones de las personas: ya sea cargándoles sus pecados o acreditándoles la justicia.
Pablo establece, como principio general, que "el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley". Este principio demuestra que las personas no estaban libres de pecado antes de que Moisés diera la ley, porque los efectos de la imputación del pecado estaban generalizados. El pecado existía, y las personas eran consideradas responsables, incluso en las generaciones anteriores a Moisés y a los acontecimientos del monte Sinaí. La prueba es que las personas morían: "La muerte reinó" (Romanos 5:14). Puesto que la muerte existía, desde Adán, debía de haber existido algún tipo de ley antes de Moisés. Incluso antes de que Dios entregara la Ley mosaica a Moisés, las personas distinguían el bien del mal.
Así pues, antes de que los Diez Mandamientos fueran grabados en piedra, el pecado estaba presente y la muerte reinaba. El pecado de las personas difería del de Adán, pero seguía siendo pecado, y el castigo por su pecado era un problema humano universal. Una vez que Dios estableció la Ley mosaica con todas sus prohibiciones detalladas, se codificaron el bien y el mal, y todo pecado podía atribuirse a la transgresión de una ley o leyes concretas. La llegada de la ley aumentó la responsabilidad de las personas y su culpa (ver Romanos 2:1–29). Antes de la ley, las personas seguían haciendo el mal —seguían infringiendo la ley de Dios— y recibían en sí mismas el castigo que Dios exigía por sus acciones.
En Romanos 5, Pablo construye cuidadosamente un argumento para mostrar cómo todas las personas, independientemente de cuándo vivieran en relación con la Ley mosaica, necesitaban la gracia de Dios. Todos son transgresores de la ley. "Pero hay una gran diferencia entre el pecado de Adán y el regalo del favor inmerecido de Dios. Pues el pecado de un solo hombre, Adán, trajo muerte a muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su perdón para muchos por medio de otro hombre, Jesucristo" (Romanos 5:15, NTV).
A través de Adán, todo ser humano es culpable de pecado y condenado a muerte (Romanos 6:23; 5:12; Efesios 2:1–3). Pero a través de Jesucristo, quien es la Cabeza de una nueva familia espiritual, los creyentes experimentan el perdón de los pecados, la paz con Dios, una nueva vida abundante y la eternidad con Él para siempre (ver Romanos 5:1–2; 1 Corintios 15:22).
En Romanos 5:13, Pablo enseña que el pecado ha existido desde los tiempos de Adán, y el hecho de que se impute a sus descendientes demuestra que siempre ha existido una ley divina que tenemos la responsabilidad de cumplir. Al explicar este concepto, Pablo destaca la universalidad del pecado y la necesidad que tiene la humanidad de la gracia de Dios en todas las épocas. Tras sentar las bases, Pablo pasa a su mensaje central: que toda persona necesita la salvación mediante la fe en Jesucristo.
La frase "el pecado no se toma en cuenta" significa que el pecado no se le cuenta a alguien ni se le carga a su cuenta. El verbo traducido como "tomar en cuenta" (ellogeitai en griego) es un término jurídico y financiero que se refiere a atribuir a alguien responsabilidad o culpa, o a acreditar o cargar algo a su cuenta. Pablo utiliza el concepto de imputación en Romanos 5:13 para describir cómo Dios evalúa las acciones de las personas: ya sea cargándoles sus pecados o acreditándoles la justicia.
Pablo establece, como principio general, que "el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley". Este principio demuestra que las personas no estaban libres de pecado antes de que Moisés diera la ley, porque los efectos de la imputación del pecado estaban generalizados. El pecado existía, y las personas eran consideradas responsables, incluso en las generaciones anteriores a Moisés y a los acontecimientos del monte Sinaí. La prueba es que las personas morían: "La muerte reinó" (Romanos 5:14). Puesto que la muerte existía, desde Adán, debía de haber existido algún tipo de ley antes de Moisés. Incluso antes de que Dios entregara la Ley mosaica a Moisés, las personas distinguían el bien del mal.
Así pues, antes de que los Diez Mandamientos fueran grabados en piedra, el pecado estaba presente y la muerte reinaba. El pecado de las personas difería del de Adán, pero seguía siendo pecado, y el castigo por su pecado era un problema humano universal. Una vez que Dios estableció la Ley mosaica con todas sus prohibiciones detalladas, se codificaron el bien y el mal, y todo pecado podía atribuirse a la transgresión de una ley o leyes concretas. La llegada de la ley aumentó la responsabilidad de las personas y su culpa (ver Romanos 2:1–29). Antes de la ley, las personas seguían haciendo el mal —seguían infringiendo la ley de Dios— y recibían en sí mismas el castigo que Dios exigía por sus acciones.
En Romanos 5, Pablo construye cuidadosamente un argumento para mostrar cómo todas las personas, independientemente de cuándo vivieran en relación con la Ley mosaica, necesitaban la gracia de Dios. Todos son transgresores de la ley. "Pero hay una gran diferencia entre el pecado de Adán y el regalo del favor inmerecido de Dios. Pues el pecado de un solo hombre, Adán, trajo muerte a muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su perdón para muchos por medio de otro hombre, Jesucristo" (Romanos 5:15, NTV).
A través de Adán, todo ser humano es culpable de pecado y condenado a muerte (Romanos 6:23; 5:12; Efesios 2:1–3). Pero a través de Jesucristo, quien es la Cabeza de una nueva familia espiritual, los creyentes experimentan el perdón de los pecados, la paz con Dios, una nueva vida abundante y la eternidad con Él para siempre (ver Romanos 5:1–2; 1 Corintios 15:22).
En Romanos 5:13, Pablo enseña que el pecado ha existido desde los tiempos de Adán, y el hecho de que se impute a sus descendientes demuestra que siempre ha existido una ley divina que tenemos la responsabilidad de cumplir. Al explicar este concepto, Pablo destaca la universalidad del pecado y la necesidad que tiene la humanidad de la gracia de Dios en todas las épocas. Tras sentar las bases, Pablo pasa a su mensaje central: que toda persona necesita la salvación mediante la fe en Jesucristo.