Pregunta
¿Por qué en la Biblia a veces se llama "hijos" a los nietos y a otros descendientes?
Respuesta
En varias ocasiones, la Biblia utiliza la palabra hijo en su sentido amplio y genérico de "descendiente". Así, en ciertos contextos, un "hijo" puede referirse a lo que hoy llamaríamos un "nieto", "bisnieto", etc. El mismo principio aplica a la palabra padre, que en algunos contextos simplemente significa "antepasado" o "predecesor".
Un ejemplo notable del término padre usado para referirse a un abuelo se encuentra en Daniel 5. En ese capítulo, el rey Nabucodonosor es mencionado varias veces como el "padre" de Belsasar:
"Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén" (Daniel 5:2; ver también Daniel 5:11, 13, 18).
Históricamente, sabemos que Belsasar era hijo de Nabónido, el último rey del Imperio Neobabilónico; sin embargo, la Escritura llama "padre" a Nabucodonosor. El uso de esta palabra destaca que Nabucodonosor, un rey de mayor prominencia, fue el predecesor en el trono —y posiblemente el abuelo— de Belsasar. En ese sentido, Belsasar era "hijo" de Nabucodonosor como sucesor dinástico y, quizás, como descendiente físico.
Un ejemplo del uso de hijo, para referirse a un descendiente más lejano se encuentra en Génesis 29. Jacob viajaba hacia el oriente cuando llegó a un pozo y encontró a unos pastores. Allí les preguntó por un pariente suyo: "¿Conocen a Labán, hijo de Nacor?" (Génesis 29:5). Los pastores respondieron que sí lo conocían. La referencia de Jacob a Labán como "hijo de Nacor" es llamativa, porque Labán era en realidad nieto de Nacor —algo que Jacob sabía perfectamente—. Génesis 24 especifica que Labán era hermano de Rebeca (Génesis 24:29), y que Rebeca era hija de Betuel, hijo de Nacor (Génesis 24:24). Sin embargo, era perfectamente natural que Jacob llamara a Labán "hijo de Nacor", pues la palabra hijo podía abarcar a otros descendientes.
Más adelante en la misma historia, Jacob y su familia huyen de Labán, quien los persigue. Al darles alcance, Labán se queja de que Jacob no le permitió "besar a mis hijos y a mis hijas" (Génesis 31:28). Los "hijos" en este contexto son evidentemente los nietos de Labán, nacidos de sus hijas Lea y Raquel. Algunas versiones, como la NVI, aclaran la relación traduciendo la palabra hebrea para "hijos" como "nietos".
Un tema relacionado es la costumbre de llamar a Jesús "hijo de David", como en Mateo 9:27 y Mateo 20:30. El inicio de la genealogía de Jesús lo llama tanto "hijo de David" como "hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Por supuesto, muchas generaciones separaban a Jesús de David, y aún más generaciones median entre Jesús y Abraham. Pero ser "hijo", en el pensamiento de aquella época, significaba ser descendiente varón directo. Sin importar cuántas generaciones hubieran pasado, un "hijo" podía siempre rastrear su linaje hasta un representante destacado de su familia.
Un ejemplo notable del término padre usado para referirse a un abuelo se encuentra en Daniel 5. En ese capítulo, el rey Nabucodonosor es mencionado varias veces como el "padre" de Belsasar:
"Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén" (Daniel 5:2; ver también Daniel 5:11, 13, 18).
Históricamente, sabemos que Belsasar era hijo de Nabónido, el último rey del Imperio Neobabilónico; sin embargo, la Escritura llama "padre" a Nabucodonosor. El uso de esta palabra destaca que Nabucodonosor, un rey de mayor prominencia, fue el predecesor en el trono —y posiblemente el abuelo— de Belsasar. En ese sentido, Belsasar era "hijo" de Nabucodonosor como sucesor dinástico y, quizás, como descendiente físico.
Un ejemplo del uso de hijo, para referirse a un descendiente más lejano se encuentra en Génesis 29. Jacob viajaba hacia el oriente cuando llegó a un pozo y encontró a unos pastores. Allí les preguntó por un pariente suyo: "¿Conocen a Labán, hijo de Nacor?" (Génesis 29:5). Los pastores respondieron que sí lo conocían. La referencia de Jacob a Labán como "hijo de Nacor" es llamativa, porque Labán era en realidad nieto de Nacor —algo que Jacob sabía perfectamente—. Génesis 24 especifica que Labán era hermano de Rebeca (Génesis 24:29), y que Rebeca era hija de Betuel, hijo de Nacor (Génesis 24:24). Sin embargo, era perfectamente natural que Jacob llamara a Labán "hijo de Nacor", pues la palabra hijo podía abarcar a otros descendientes.
Más adelante en la misma historia, Jacob y su familia huyen de Labán, quien los persigue. Al darles alcance, Labán se queja de que Jacob no le permitió "besar a mis hijos y a mis hijas" (Génesis 31:28). Los "hijos" en este contexto son evidentemente los nietos de Labán, nacidos de sus hijas Lea y Raquel. Algunas versiones, como la NVI, aclaran la relación traduciendo la palabra hebrea para "hijos" como "nietos".
Un tema relacionado es la costumbre de llamar a Jesús "hijo de David", como en Mateo 9:27 y Mateo 20:30. El inicio de la genealogía de Jesús lo llama tanto "hijo de David" como "hijo de Abraham" (Mateo 1:1). Por supuesto, muchas generaciones separaban a Jesús de David, y aún más generaciones median entre Jesús y Abraham. Pero ser "hijo", en el pensamiento de aquella época, significaba ser descendiente varón directo. Sin importar cuántas generaciones hubieran pasado, un "hijo" podía siempre rastrear su linaje hasta un representante destacado de su familia.