Pregunta

¿Qué significa la expresión "Paz, paz, pero no hay paz" en Jeremías 8:11?

Respuesta
Jeremías era un profeta de Dios que anunciaba que el juicio se avecinaba sobre Jerusalén. Sin embargo, Jeremías se enfrentó a la oposición del rey y de los sacerdotes, que no querían escuchar su mensaje. En su opinión, el mensaje de Jeremías de rendirse ante Babilonia equivalía a una traición. Los falsos profetas, que afirmaban hablar en nombre de Dios, también contradecían el mensaje de Jeremías. Jeremías anunciaba derramamiento de sangre, destrucción y juicio cuando Babilonia conquistara Jerusalén. Los falsos profetas, por su parte, decían que el futuro de Jerusalén se presentaba prometedor: Jerusalén podía esperar paz, no guerra.

La frase "Paz, paz, pero no hay paz" se encuentra en Jeremías 6:14 y en Jeremías 8:11. También aparece en Ezequiel 13:10 y 16. En los cuatro pasajes, tiene el mismo significado en el mismo contexto histórico.

Jeremías era como un médico que daba malas noticias a su paciente. Su diagnóstico era que, a menos que se tomaran medidas drásticas, el paciente moriría. Sin embargo, los falsos profetas dieron una "segunda opinión". "No escuches a Jeremías", decían; "vas a estar perfectamente bien". En lugar de una cirugía radical y un cambio drástico de estilo de vida, los sacerdotes y los falsos profetas decían que solo se necesitaba un vendaje ligero. El siguiente pasaje se encuentra en Jeremías 6:13–14 y se repite exactamente en Jeremías 8:10b–11:

"Porque desde el menor hasta el mayor,

todos ellos codician ganancias,

y desde el profeta hasta el sacerdote,

todos practican el engaño.

Curan a la ligera el quebranto de Mi pueblo,

diciendo: "Paz, paz",

pero no hay paz".

Cuando los sacerdotes y los falsos profetas decían: "¡Paz, paz!", negaban que el juicio estuviera a punto de llegar. Daban al pueblo falsas garantías. La suposición explícita es que Jerusalén y Judá no habían cometido pecados graves y que Dios no estaba descontento con ellos. De hecho, según los falsos profetas, Dios estaba muy satisfecho con su pueblo y quería bendecirlo. Prometían: "¡Paz, paz!". Lamentablemente, la paz que prometían no llegaría. El libro de Jeremías lo confirma y, al final, Jerusalén fue destruida por Babilonia, tal y como Dios había dicho.

El profeta Ezequiel dice algo similar: "Sí, porque [los falsos profetas] han engañado a Mi pueblo, diciendo: "¡Paz!", cuando no hay paz. Y cuando alguien edifica un muro, ellos lo recubren con cal. Diles, pues, a los que lo recubren con cal, que el muro caerá; vendrá una lluvia torrencial y ustedes, piedras de granizo, caerán; y se desencadenará un viento huracanado" (Ezequiel 13:10–11). En el mismo pasaje, Dios dice: "Desahogaré así Mi furor contra el muro y contra los que lo han recubierto con cal, y les diré: "No existe el muro ni existen los que lo recubrieron, ni los profetas de Israel que profetizaban acerca de Jerusalén y que veían para ella visiones de paz cuando no había paz, declara el Señor Dios" (versículos 15–17).

Hoy en día siguen existiendo falsos profetas y líderes religiosos que hacen falsas promesas de paz cuando no hay paz. El mensaje de paz y prosperidad "vende". Algunos predicadores y maestros de hoy en día afirman que la vida cristiana se reduce a la paz y la prosperidad, pero Dios no promete eso. Hay otros que ignoran o minimizan la gravedad del pecado y enseñan que a Dios no le preocupa su comportamiento. Otros niegan que el juicio eterno aguarda al pecador impenitente, a pesar de que Dios ha prometido justo lo contrario. Estos son ejemplos modernos de falsos profetas que prometen paz cuando no la hay.

Pablo le dice a Timoteo: "Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos" (2 Timoteo 4:2–4). A la gente le gusta escuchar buenas noticias, y no quiere oír que las dificultades pueden ser la voluntad de Dios para ellos en esta vida o que el juicio es seguro después de la muerte. Los cristianos tienen la tarea de dar malas noticias porque estas deben ser aceptadas antes de que las buenas noticias puedan surtir efecto.

Dios testificó contra el pueblo al que Isaías fue enviado a servir, llamándolos "pueblo rebelde, hijos falsos, hijos que no quieren escuchar la instrucción del Señor" (Isaías 30:9). Esa gente ha cerrado sus oídos a la Palabra del Señor y solo desea oír hablar de "paz", incluso cuando no hay paz. Le dicen a los profetas de Dios: "No nos profeticen lo que es recto, dígannos palabras agradables, profeticen ilusiones...No oigamos más acerca del Santo de Israel" (versículos 10–11).