Pregunta
¿Cómo podemos "considerarnos unos a otros" (Hebreos 10:24)?
Respuesta
Hebreos 10:24 dice: "Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras" (RVR60). Una palabra clave es considerar. Considerar a los demás significa pensar en sus necesidades antes que en las nuestras. En Filipenses 2:4, el apóstol Pablo escribe: "No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás". Mirando por los intereses de los demás es como podemos cuidarnos y considerarnos los unos a los otros. La pregunta no es solo "¿Qué necesito yo?", sino "¿Qué necesita mi hermano o hermana?".
A menudo nos centramos en nuestros propios sentimientos, intereses y deseos; sin embargo, Dios nos llama a mantener un estándar más alto. Debemos pensar en maneras de animarnos y "estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras" (Hebreos 10:24). Estimular a alguien implica encender en él un impulso para seguir el ejemplo de amor y humildad de Cristo (Filipenses 2:5-11).
El amor y las buenas obras no son conceptos abstractos o vacíos, sino expresiones prácticas de una fe genuina. "La fe sin las obras está muerta" (Santiago 2:26). El amor y las buenas obras, por tanto, fluyen naturalmente de la fe. ¿Cómo podemos estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras? ¿Cómo podemos considerarnos unos a otros?
La consideración mutua comienza con el cultivo de relaciones. Sin una comunión regular, no podemos estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:25). Puesto que somos la familia de Dios, debemos conocernos personalmente y sobrellevar las cargas de los demás (Gálatas 6:2). Si no estamos presentes en la vida de los demás, ¿cómo podremos cumplir la ley de Cristo?
Una comunidad no se forma accidental ni espontáneamente. Por lo tanto, debemos dar espacio a los demás y buscar oportunidades para animarlos. Una manera eficaz de tener en cuenta a los demás es preguntándoles cómo están y escuchando realmente la respuesta. Ofrecer una palabra de aliento con las Escrituras es otra forma de apoyar a los demás.
En Romanos 12:10, Pablo instruye: "Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros". Honrarnos unos a otros y considerarnos unos a otros están estrechamente relacionados. Debemos respetar a todos como portadores de la imagen de Dios (Génesis 1:27). Considerarnos unos a otros significa preocuparnos por los demás de una manera que los motive a confiar en Dios y obedecerle.
Hebreos 10:24 es un mandamiento para toda la Iglesia. Dios no nos llamó a estar aislados; nos necesitamos unos a otros y debemos participar activamente en la vida de los demás. Por esta razón, el escritor de Hebreos dice: "Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca" (Hebreos 10:25, NTV). La comunión cristiana nos proporciona ánimo y responsabilidad mutua.
Pablo describe la Iglesia como el cuerpo de Cristo, cuyos miembros contribuyen al bien del conjunto. Escribe: "Pero así formó Dios el cuerpo… a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él" (1 Corintios 12:24-26). Como miembros del cuerpo de Cristo, debemos considerarnos unos a otros, impulsándonos al amor y a las buenas obras.
Considerarnos unos a otros significa preocuparnos por el bienestar espiritual de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Esto requiere relaciones intencionales en las que busquemos oportunidades para animarnos y motivarnos mutuamente hacia el amor y las buenas obras. El resultado es una comunidad que refleja el corazón de Dios. En esta comunidad somos participantes, no espectadores; por lo tanto, debemos seguir animándonos unos a otros a confiar en Cristo y obedecerle mientras esperamos Su regreso.
A menudo nos centramos en nuestros propios sentimientos, intereses y deseos; sin embargo, Dios nos llama a mantener un estándar más alto. Debemos pensar en maneras de animarnos y "estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras" (Hebreos 10:24). Estimular a alguien implica encender en él un impulso para seguir el ejemplo de amor y humildad de Cristo (Filipenses 2:5-11).
El amor y las buenas obras no son conceptos abstractos o vacíos, sino expresiones prácticas de una fe genuina. "La fe sin las obras está muerta" (Santiago 2:26). El amor y las buenas obras, por tanto, fluyen naturalmente de la fe. ¿Cómo podemos estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras? ¿Cómo podemos considerarnos unos a otros?
La consideración mutua comienza con el cultivo de relaciones. Sin una comunión regular, no podemos estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:25). Puesto que somos la familia de Dios, debemos conocernos personalmente y sobrellevar las cargas de los demás (Gálatas 6:2). Si no estamos presentes en la vida de los demás, ¿cómo podremos cumplir la ley de Cristo?
Una comunidad no se forma accidental ni espontáneamente. Por lo tanto, debemos dar espacio a los demás y buscar oportunidades para animarlos. Una manera eficaz de tener en cuenta a los demás es preguntándoles cómo están y escuchando realmente la respuesta. Ofrecer una palabra de aliento con las Escrituras es otra forma de apoyar a los demás.
En Romanos 12:10, Pablo instruye: "Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros". Honrarnos unos a otros y considerarnos unos a otros están estrechamente relacionados. Debemos respetar a todos como portadores de la imagen de Dios (Génesis 1:27). Considerarnos unos a otros significa preocuparnos por los demás de una manera que los motive a confiar en Dios y obedecerle.
Hebreos 10:24 es un mandamiento para toda la Iglesia. Dios no nos llamó a estar aislados; nos necesitamos unos a otros y debemos participar activamente en la vida de los demás. Por esta razón, el escritor de Hebreos dice: "Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca" (Hebreos 10:25, NTV). La comunión cristiana nos proporciona ánimo y responsabilidad mutua.
Pablo describe la Iglesia como el cuerpo de Cristo, cuyos miembros contribuyen al bien del conjunto. Escribe: "Pero así formó Dios el cuerpo… a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él" (1 Corintios 12:24-26). Como miembros del cuerpo de Cristo, debemos considerarnos unos a otros, impulsándonos al amor y a las buenas obras.
Considerarnos unos a otros significa preocuparnos por el bienestar espiritual de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Esto requiere relaciones intencionales en las que busquemos oportunidades para animarnos y motivarnos mutuamente hacia el amor y las buenas obras. El resultado es una comunidad que refleja el corazón de Dios. En esta comunidad somos participantes, no espectadores; por lo tanto, debemos seguir animándonos unos a otros a confiar en Cristo y obedecerle mientras esperamos Su regreso.