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Pregunta: "¿Por qué debería confiar en la Biblia? ¿Es la Biblia digna de confianza?"

Respuesta:
Todos confiamos en algo. Incluso el más escéptico de nosotros deposita toda su confianza en muchas cosas. Cuando nos ponemos de pie, confiamos en que nuestras piernas nos sostendrán. Cuando nos sentamos, confiamos en la silla. Confiamos en que, cuando inhalamos, habrá una cantidad adecuada de oxígeno para sostenernos. Cuando nos acostamos, confiamos en que la tierra continuará su rotación para que llegue la mañana. Hemos elegido confiar en estas cosas por su fiabilidad en el pasado. Elegimos confiar; de lo contrario, viviríamos en un estado constante de miedo e incertidumbre.

Con respecto a Dios y a la Biblia, se aplican los mismos principios. Elegimos aquello en lo que confiamos. La fe en Dios significa que hemos elegido confiar en que Él existe, que Él es quien la Biblia dice que es, y que nuestra confianza — o la falta de ella — impactará radicalmente en nuestras vidas y en la eternidad. Sin embargo, la alternativa a la fe no es la "falta de fe". Optar en contra de la fe en Dios también requiere confianza. Debemos confiar en que Dios no existe, que no podemos conocerlo, y que esta elección no tiene impacto en nuestras vidas y en la eternidad. Negar la existencia de Dios supone un salto de fe aún mayor porque las preguntas planteadas en la Biblia aún exigen ser respondidas. Aquellos que descartan la Biblia, deben dar respuestas por sí mismos a innumerables preguntas que no tienen respuestas preparadas, como las que tienen que ver con el significado de la vida y la complejidad del diseño que se ve en el universo. Muchos de los que eligen confiar en algo que no sea la Biblia, finalmente deben estar de acuerdo con el ateo Bertrand Russell, quien concluyó que, si la vida más allá de la tumba es un mito, entonces la vida antes de la tumba no tiene sentido.

Cuando elegimos dónde depositar nuestra confianza, debemos considerar la fiabilidad de cada opción. La Biblia hace algunas afirmaciones sorprendentes sobre sí misma. Algunas personas piensan que pueden elegir qué partes de la Biblia consideran verdaderas, aunque el Libro en sí nunca nos da esa opción. Afirma que es la Palabra de Dios inspirada (2 Timoteo 3:16), que es verdadera (Salmo 119:160; Juan 17:17), y que es la guía para nuestras vidas (Salmo 119:105; Lucas 4:4). Confiar en que esto no es cierto, significa que todo lo demás que la Biblia afirma es sospechoso; por lo tanto, reclamar las promesas mientras se ignoran los mandamientos es irracional.

Declarar que la Biblia no es digna de confianza, significa que debemos encontrar otra explicación razonable para su carácter milagroso. Por ejemplo, de las casi 2.500 profecías dadas en la Biblia, cientos o miles de años antes, 2.000 de ellas se han cumplido, y las más de 500 restantes se han ido cumpliendo con el tiempo. La probabilidad de que todas estas profecías se cumplan sin error es aproximadamente una entre 1020000. Así que, confiar en que la Biblia no es un libro milagroso es matemáticamente inconsistente.

Hay varios factores a considerar cuando se determina la confiabilidad de la Biblia; el primero es la frecuentemente cuestionada afirmación de que la Biblia es verdadera porque dice que lo es. Sería realmente insensato basar la confianza sólo en ese factor. No entregaríamos nuestra chequera a un extraño que dice que podemos confiar en él porque es digno de confianza. Sin embargo, podemos empezar con la afirmación que la Biblia hace de la confiabilidad y luego buscar pruebas que la validen.

Las afirmaciones de los propios escritores nos ayudan a confiar en la Biblia. Los autores del Antiguo Testamento declararon que hablaron las mismas palabras de Dios (Éxodo 20:1-4; Deuteronomio 8:3; Isaías 1:2; Jeremías 1:1-13). Dios designó a ciertos hombres como profetas, reyes o líderes y fueron reconocidos como tales por el pueblo al que servían. Los profetas dieron a la mayoría de sus pronunciamientos la etiqueta "Así dice el Señor" (por ejemplo, Jeremías 45:2; Zacarías 7:13). Esta declaración a menudo fue recibida con rebelión y persecución (Mateo 23:37; 1 Reyes 19:10; Hechos 7:52). No había ninguna razón terrenal para que un profeta declarara verdades desagradables a la gente que probablemente lo iba a apedrear. Sin embargo, los profetas continuaron proclamando su mensaje porque estaban completamente convencidos de que el Señor los hacía responsables de representarlo fielmente. Luego se registraron las palabras de los profetas para las generaciones futuras y se aceptaron como palabras de Dios, incluso por el propio Jesús (Mateo 4:10; Lucas 4:8).

Los autores del Nuevo Testamento identifican varias razones para escribir. Lucas, por ejemplo, fue un respetado médico e historiador que viajó con Pablo en sus viajes misioneros. En el primer capítulo explica el propósito de su libro: "tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Lucas 1:2-4). Lucas investigó personalmente las afirmaciones sobre Jesús para comprobar la veracidad del relato del evangelio y escribió los libros de Lucas y Hechos.

Los destinatarios de las cartas de Pablo a las iglesias las recibieron como si vinieran del Señor (1 Tesalonicenses 2:13). También es importante señalar que la mayoría de los autores del Nuevo Testamento fueron martirizados por sus palabras. Es muy poco probable que un grupo tan variado de hombres, todos reclamando una sola verdad, sufran una persecución extrema y eventualmente sean asesinados por palabras que saben que son una mentira.

Otro aspecto que nos ayuda a confiar en la Biblia es el impacto que la ha tenido en la vida de las personas durante miles de años. La Biblia ha resistido los intentos de reyes, dictadores y sociedades enteras de abolirla y sigue siendo el libro más vendido de todos los tiempos. Sus palabras contienen una esperanza que no se encuentra en ningún otro escrito religioso y ha transformado las vidas de millones de personas. Otras religiones del mundo afirman ser fieles seguidores, pero el vínculo que une a la mayoría de sus fieles es el miedo, la intimidación o el esfuerzo humano. La Biblia promete lo que ningún otro libro hace: vida, esperanza y propósito como un regalo de Dios Todopoderoso. Sus palabras han transformado a asesinos, tiranos y naciones, porque la Biblia resuena como la verdad en lo más profundo del alma humana (Eclesiastés 3:11). Es posible que rechacen, odien o ignoren la Biblia, pero no se puede desconocer el impacto que tiene en quienes la escuchan.

Finalmente, Dios nos ha dado libre albedrío para elegir lo que creemos. Pero también ha puesto Sus huellas digitales en toda Su creación, y ha escrito un manual de instrucciones para que sepamos cómo vivir (Salmo 19:1; 119:11; 1 Pedro 2:11-12). Su Palabra nos ha dado numerosas pruebas de que se puede confiar en ella, y los que confían en la Biblia tienen una base sólida sobre la cual pueden construir sus vidas (véase Mateo 7:24-28).