Pregunta

¿Cómo apoya la arqueología a la Biblia?

Respuesta
La arqueología ha sido llamada "la mejor amiga de la Biblia", una afirmación que refleja la larga historia de descubrimientos que apoyan el registro bíblico. Desde el descubrimiento del Cilindro de Ciro en 1879, pasando por los Rollos del Mar Muerto en 1947, hasta la Piscina de Siloé en 2004, la arqueología ha trabajado codo con codo con los eruditos bíblicos para proporcionar un testimonio independiente de la verdad de la Palabra de Dios.

Por supuesto, hay algunos descubrimientos arqueológicos que parecen contradecir la Biblia. ¿Qué ocurre entonces? ¿Es la arqueología o la Biblia la que está equivocada? En tales casos, recordemos que los arqueólogos también son personas, con sus propias limitaciones, prejuicios y propensión al error. Una vez hallado un artefacto, hay que interpretar su existencia y su ubicación, y es el proceso de interpretación el que se presta a errores. Muchos arqueólogos seculares solían decir que David era una figura legendaria, a la altura del rey Arturo, y no un rey histórico. Esa era su postura hasta que encontraron la estela de Tel Dan, una piedra de basalto del siglo IX a.C. que lleva el nombre de David y lo identifica como rey de Israel. Así pues, hasta que se encontró la estela, la arqueología no apoyaba abiertamente las referencias bíblicas a David. Pero, finalmente, un hallazgo arqueológico demostró que la Biblia siempre fue cierta. David era una persona real que fue rey de Israel, y los detractores de la arqueología resultaron estar equivocados.

Muchos otros descubrimientos arqueológicos han corroborado hechos y personajes de la Biblia. De hecho, en muchas ocasiones la arqueología ha aportado pruebas tangibles de lo que la Biblia relata exactamente. La invasión egipcia de Israel (1 Reyes 14:25); el asedio asirio de Laquis (2 Reyes 18-19); las relaciones comerciales entre Israel y Sabá (1 Reyes 10); la conquista babilónica de Jerusalén; y los reinados de los reyes Omri, Ajab, Uzías, Ezequías, Acaz, Jeroboam II y Joaquín (1 y 2 Reyes): todos ellos están registrados en la Biblia y han sido confirmados por la arqueología. Y el ya mencionado descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, uno de los hallazgos más importantes del siglo XX, fue una prueba decisiva de la fiabilidad de los manuscritos de la Biblia.

Los cristianos debemos comprender que no podemos demostrar científicamente que la Biblia es verdadera. Ninguna arqueología podrá "demostrar" la Biblia a los escépticos. Pero eso no debe hacernos dudar de la verdad absoluta de Dios. Dios es el autor de la historia, y tenemos la seguridad de que Su registro de la historia es un relato exacto de lo que sucedió. Por supuesto, no todo lo que sucedió en la historia fue escrito en Su registro. Solo se registraron las cosas que contribuyen a la revelación de Dios de Sí mismo y que nos son útiles "como ejemplo, y...enseñanza" (1 Corintios 10:11).

En un caso tras otro, la arqueología acaba poniéndose al día con el relato bíblico, y la arqueología y la Biblia coinciden. Como cristianos, debemos ser pacientes y no dejar que nuestra fe en la Palabra de Dios se vea perturbada por las teorías de los hombres. La arqueología nunca ha demostrado que el relato bíblico sea erróneo, aunque, en algunos casos, carece de pruebas que demuestren que el relato bíblico es correcto. A medida que los arqueólogos sigan excavando, tendremos cada vez más pruebas externas que corroboren la historicidad y veracidad del relato bíblico.