Pregunta
¿Qué es la bondad de Dios?
Respuesta
La bondad es un atributo de la naturaleza y personalidad de Dios asociado con Su compasión, generosidad, misericordia, favor, benignidad y amor. La Biblia dice: "El Señor es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas Sus obras" (Salmo 145:9). La bondad de Dios se extiende a todas las personas. Él da tanto a los malos como a los buenos, a los justos y a los injustos, luz solar y lluvia, provisión de alimentos y corazones alegres (Mateo 5:45; Mateo 7:11; Lucas 6:35; Hechos 14:17). La revelación más brillante de la bondad de Dios en las Escrituras se ve en Sus acciones hacia pecadores indignos como nosotros.
La "bondad" (o "misericordia" y "bondad eterna") en el Antiguo Testamento suele ser una traducción de la palabra hebrea hesed (ver Isaías 54:8; 63:7; Jeremías 9:24). Hesed implica fidelidad a una relación. Más que describir una emoción o un sentimiento hacia alguien, este término abarca acciones y comportamientos. La bondad de Dios fluye de Su amor y lealtad hacia aquellos con quienes ha establecido una relación de pacto (ver Génesis 19:19; Rut 2:20; Esdras 9:9; Oseas 11:4).
Las personas muestran la bondad de Dios al actuar de manera leal y amorosa hacia aquellos con quienes tienen una relación. Debido a su profunda amistad con Jonatán, David mostró la bondad de Dios al hijo de Jonatán, Mefiboset, concediéndole el derecho a comer siempre en la mesa del rey (2 Samuel 9:1-13).
En el Nuevo Testamento, varias palabras griegas se traducen como "bondad". Chrēstotēs es la más frecuente y transmite la idea de bondad moral que capacita a una persona para ser bondadosa con los demás, incluso con sus enemigos. El apóstol Pablo utilizó este término a menudo para expresar la bondad ilimitada de Dios hacia los pecadores perdidos e indignos: "Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna" (Tito 3:3-7).
La bondad de Dios se nos revela plenamente en Su don de la salvación proporcionado a través de Su Hijo, Jesús (Juan 3:16; 1 Juan 4:9). Dios demostró "las sobreabundantes riquezas de Su gracia" y "Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús" (Efesios 2:7). "Siendo aún pecadores", Dios envió a Su Hijo a morir por nosotros (Romanos 5:8). Cristo vino voluntariamente a la tierra como un humilde siervo. Vivió para ayudarnos y sacrificó Su vida en la cruz para salvarnos a nosotros, los espiritualmente empobrecidos. La misión de nuestro Salvador muestra el alcance máximo de la bondad y el amor de Dios (Filipenses 2:1-11; Juan 13:1). Por lo tanto, como hijos de Dios, ¿cómo podemos hacer menos que imitar la bondad de Dios en nuestro trato con los demás (Colosenses 3:12-17)?
En Romanos 2:3-4, Pablo advierte a los creyentes contra la hipocresía y el juicio. Nuestro Padre celestial no es un dictador despiadado, sino un Dios tierno, misericordioso y perdonador (Salmo 25:6; Daniel 9:9; Efesios 2:4; Santiago 5:11; 1 Pedro 1:3). Como seguidores de Cristo, no debemos tratar con dureza a las personas pecadoras, condenándolas y juzgándolas. En cambio, debemos mostrar la misma paciencia, tolerancia y bondad que hemos recibido del Señor. Puesto que Él fue bondadoso con nosotros como pecadores, debemos extender esa bondad hacia los demás.
Entre los excelentes ejemplos de la bondad de Dios demostrada por las personas en el Nuevo Testamento se encuentran el trato amable de José hacia María cuando se enteró de que estaba embarazada (Mateo 1:19), la preocupación del centurión por su siervo enfermo (Lucas 7:2-6), el hecho de que el apóstol Juan acogiera a María en su casa después de la muerte de Cristo (Juan 19:27) y el trato de Julio y Onésimo hacia Pablo (Hechos 27:3; 2 Timoteo 1:16-18).
El Señor es bondadoso, misericordioso y compasivo (Deuteronomio 24:21; Salmo 68:5; 103:13; Hechos 20:35). Gracias a la bondad de Dios, se nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir (2 Pedro 1:3). La bondad de Dios es una característica de Su amor incondicional (1 Corintios 13:4) y un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). Por esta razón, el Señor exige a Su pueblo que ame la bondad (Miqueas 6:8) y que siempre esté dispuesto a compartirla con los demás (Zacarías 7:9; Proverbios 31:26; Mateo 5:7; Lucas 6:36; Efesios 4:32; 1 Timoteo 5:8).
La "bondad" (o "misericordia" y "bondad eterna") en el Antiguo Testamento suele ser una traducción de la palabra hebrea hesed (ver Isaías 54:8; 63:7; Jeremías 9:24). Hesed implica fidelidad a una relación. Más que describir una emoción o un sentimiento hacia alguien, este término abarca acciones y comportamientos. La bondad de Dios fluye de Su amor y lealtad hacia aquellos con quienes ha establecido una relación de pacto (ver Génesis 19:19; Rut 2:20; Esdras 9:9; Oseas 11:4).
Las personas muestran la bondad de Dios al actuar de manera leal y amorosa hacia aquellos con quienes tienen una relación. Debido a su profunda amistad con Jonatán, David mostró la bondad de Dios al hijo de Jonatán, Mefiboset, concediéndole el derecho a comer siempre en la mesa del rey (2 Samuel 9:1-13).
En el Nuevo Testamento, varias palabras griegas se traducen como "bondad". Chrēstotēs es la más frecuente y transmite la idea de bondad moral que capacita a una persona para ser bondadosa con los demás, incluso con sus enemigos. El apóstol Pablo utilizó este término a menudo para expresar la bondad ilimitada de Dios hacia los pecadores perdidos e indignos: "Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna" (Tito 3:3-7).
La bondad de Dios se nos revela plenamente en Su don de la salvación proporcionado a través de Su Hijo, Jesús (Juan 3:16; 1 Juan 4:9). Dios demostró "las sobreabundantes riquezas de Su gracia" y "Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús" (Efesios 2:7). "Siendo aún pecadores", Dios envió a Su Hijo a morir por nosotros (Romanos 5:8). Cristo vino voluntariamente a la tierra como un humilde siervo. Vivió para ayudarnos y sacrificó Su vida en la cruz para salvarnos a nosotros, los espiritualmente empobrecidos. La misión de nuestro Salvador muestra el alcance máximo de la bondad y el amor de Dios (Filipenses 2:1-11; Juan 13:1). Por lo tanto, como hijos de Dios, ¿cómo podemos hacer menos que imitar la bondad de Dios en nuestro trato con los demás (Colosenses 3:12-17)?
En Romanos 2:3-4, Pablo advierte a los creyentes contra la hipocresía y el juicio. Nuestro Padre celestial no es un dictador despiadado, sino un Dios tierno, misericordioso y perdonador (Salmo 25:6; Daniel 9:9; Efesios 2:4; Santiago 5:11; 1 Pedro 1:3). Como seguidores de Cristo, no debemos tratar con dureza a las personas pecadoras, condenándolas y juzgándolas. En cambio, debemos mostrar la misma paciencia, tolerancia y bondad que hemos recibido del Señor. Puesto que Él fue bondadoso con nosotros como pecadores, debemos extender esa bondad hacia los demás.
Entre los excelentes ejemplos de la bondad de Dios demostrada por las personas en el Nuevo Testamento se encuentran el trato amable de José hacia María cuando se enteró de que estaba embarazada (Mateo 1:19), la preocupación del centurión por su siervo enfermo (Lucas 7:2-6), el hecho de que el apóstol Juan acogiera a María en su casa después de la muerte de Cristo (Juan 19:27) y el trato de Julio y Onésimo hacia Pablo (Hechos 27:3; 2 Timoteo 1:16-18).
El Señor es bondadoso, misericordioso y compasivo (Deuteronomio 24:21; Salmo 68:5; 103:13; Hechos 20:35). Gracias a la bondad de Dios, se nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir (2 Pedro 1:3). La bondad de Dios es una característica de Su amor incondicional (1 Corintios 13:4) y un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22). Por esta razón, el Señor exige a Su pueblo que ame la bondad (Miqueas 6:8) y que siempre esté dispuesto a compartirla con los demás (Zacarías 7:9; Proverbios 31:26; Mateo 5:7; Lucas 6:36; Efesios 4:32; 1 Timoteo 5:8).