Pregunta
¿Qué significa que Jesús conocía lo que había en el interior del hombre (Juan 2:25)?
Respuesta
En Juan 2:25, el apóstol escribe que Jesús "conocía lo que había en el interior del hombre". Jesús sabía lo que había en el hombre porque es omnisciente y conoce todo acerca de todos.
El comentario de Juan aparece en el contexto del viaje de Jesús a Jerusalén durante la fiesta de la Pascua (Juan 2:23). Durante ese tiempo, Jesús realizó varias señales y milagros que llevaron a muchos a creer en Su nombre. "Pero Jesús, en cambio, no se confiaba en ellos, porque los conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, porque Él conocía lo que había en el interior del hombre" (Juan 2:24-25). El conocimiento que Jesús tenía de las personas no provenía de intuición humana, sino de Su naturaleza divina como el Hijo eterno de Dios. Como Dios, Jesús tenía un entendimiento sobrenatural de sus mentes, corazones y motivaciones.
Los Evangelios muestran repetidamente que Jesús sabía lo que había en el hombre. Conoció sobrenaturalmente el carácter de Natanael (Juan 1:47-48), la historia personal de la mujer samaritana (Juan 4:29), los pensamientos de Sus opositores (Lucas 6:8) y la traición de Judas (Juan 6:64). Su conocimiento de las personas siempre estuvo unido a Su propósito redentor.
Las señales y milagros que Jesús realizó tenían la intención de revelar la gloria de Dios y conducir a la fe genuina (Juan 2:11). Sin embargo, muchos que estaban en la fiesta de la Pascua creyeron únicamente por los milagros, no con una fe auténtica. Jesús lo sabía. No se apoyaban en Su persona ni entendían Su misión; simplemente estaban impresionados por lo espectacular. Tener fe superficial es muy diferente de tener una fe transformadora: "Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Juan 4:23).
Como Jesús conocía perfectamente a todos, "no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre" (Juan 2:25). Este conocimiento corresponde al que la Escritura atribuye a Dios. Jeremías 17:10 dice: "Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos". Del mismo modo, 1 Samuel 16:7 declara que "el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón". Jesús, siendo Dios encarnado, no se deja engañar por apariencias o declaraciones externas de fe.
El énfasis de Juan en la omnisciencia de Jesús prepara al lector para temas que se desarrollarán más adelante en el Evangelio. Jesús confronta constantemente la necesidad de fe salvadora y compromiso sincero: "Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" (Juan 8:31-32; ver también Juan 15:5). Los verdaderos discípulos perseveran; los falsos, no (1 Juan 2:19).
Que Jesús conozca nuestros corazones no es un detalle aislado. Está ligado al juicio: "Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo" (Juan 5:22). Para quienes creen, la promesa es segura: "El que oye Mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna… ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24). Pero quienes rechazan a Cristo permanecen bajo condenación: "El que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:36).
Jesús sabe exactamente lo que hay en cada corazón. La pregunta final es inevitable: ¿Escogerás la vida que Él ofrece o permanecerás bajo juicio?
El comentario de Juan aparece en el contexto del viaje de Jesús a Jerusalén durante la fiesta de la Pascua (Juan 2:23). Durante ese tiempo, Jesús realizó varias señales y milagros que llevaron a muchos a creer en Su nombre. "Pero Jesús, en cambio, no se confiaba en ellos, porque los conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, porque Él conocía lo que había en el interior del hombre" (Juan 2:24-25). El conocimiento que Jesús tenía de las personas no provenía de intuición humana, sino de Su naturaleza divina como el Hijo eterno de Dios. Como Dios, Jesús tenía un entendimiento sobrenatural de sus mentes, corazones y motivaciones.
Los Evangelios muestran repetidamente que Jesús sabía lo que había en el hombre. Conoció sobrenaturalmente el carácter de Natanael (Juan 1:47-48), la historia personal de la mujer samaritana (Juan 4:29), los pensamientos de Sus opositores (Lucas 6:8) y la traición de Judas (Juan 6:64). Su conocimiento de las personas siempre estuvo unido a Su propósito redentor.
Las señales y milagros que Jesús realizó tenían la intención de revelar la gloria de Dios y conducir a la fe genuina (Juan 2:11). Sin embargo, muchos que estaban en la fiesta de la Pascua creyeron únicamente por los milagros, no con una fe auténtica. Jesús lo sabía. No se apoyaban en Su persona ni entendían Su misión; simplemente estaban impresionados por lo espectacular. Tener fe superficial es muy diferente de tener una fe transformadora: "Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Juan 4:23).
Como Jesús conocía perfectamente a todos, "no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre" (Juan 2:25). Este conocimiento corresponde al que la Escritura atribuye a Dios. Jeremías 17:10 dice: "Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos". Del mismo modo, 1 Samuel 16:7 declara que "el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón". Jesús, siendo Dios encarnado, no se deja engañar por apariencias o declaraciones externas de fe.
El énfasis de Juan en la omnisciencia de Jesús prepara al lector para temas que se desarrollarán más adelante en el Evangelio. Jesús confronta constantemente la necesidad de fe salvadora y compromiso sincero: "Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" (Juan 8:31-32; ver también Juan 15:5). Los verdaderos discípulos perseveran; los falsos, no (1 Juan 2:19).
Que Jesús conozca nuestros corazones no es un detalle aislado. Está ligado al juicio: "Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo" (Juan 5:22). Para quienes creen, la promesa es segura: "El que oye Mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna… ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24). Pero quienes rechazan a Cristo permanecen bajo condenación: "El que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:36).
Jesús sabe exactamente lo que hay en cada corazón. La pregunta final es inevitable: ¿Escogerás la vida que Él ofrece o permanecerás bajo juicio?