Pregunta

¿Quién es Dios el Espíritu Santo?

Respuesta
No existe una manera de comprender de manera perfecta y completa la Trinidad. Sin embargo, la Biblia enseña con claridad que el Único Dios Verdadero existe eternamente en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por ello, hablamos con propiedad de tres Personas que comparten la misma esencia y naturaleza divinas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Cada Persona de la Trinidad es coigual y coeterna; ninguna de ellas es inferior a las demás (Juan 1:1-2). Cada miembro de la Trinidad es distinto en cuanto a su personalidad y cumple un papel o función diferente.

Con esa base, podemos contemplar quién es Dios el Espíritu Santo.

Dios el Espíritu Santo es la tercera Persona de la Trinidad y procede del Padre por el Hijo (Juan 15:26). El Espíritu es plenamente Dios y ha existido eternamente como tal (Génesis 1:1-2; Hebreos 9:14). Como Dios, el Espíritu posee todos los atributos divinos, incluyendo la omnisciencia (1 Corintios 2:10-11), la omnipotencia (Lucas 1:35) y la omnipresencia (Salmo 139:7-10). Es de la misma esencia que el Padre y el Hijo, pero distinto en su persona, y se somete a ellos (Juan 14:26; 16:7).

Dios el Espíritu es una persona divina, no meramente una fuerza impersonal. Posee, por tanto, personalidad: mente, emociones y voluntad. Su carácter se manifiesta en rasgos distintivos, tales como la capacidad de animar (Hechos 9:31), consolar (Juan 14:26) y, sí, ser engañado (Hechos 5:3).

Dios el Espíritu ha obrado a lo largo de la historia de la salvación de diversas maneras para llevar a cabo la voluntad divina. Él es el poder de Dios y fue fundamental en la creación de los cielos, la tierra y la humanidad (Génesis 1-2). Guio a los israelitas en su travesía hacia la Tierra Prometida (Isaías 63:11-14) y, en la actualidad, conduce a los creyentes mientras aguardan la segunda venida del Hijo de Dios (Juan 16:13). En el Antiguo Testamento, el Espíritu de Dios moraba temporalmente en ciertos individuos —principalmente reyes y profetas— para otorgarles poder con el fin de servir al Señor (1 Samuel 16:13; Miqueas 3:8). En la actualidad, el Espíritu de Dios habita permanentemente en los creyentes para capacitarlos para el servicio divino (1 Corintios 3:16; Efesios 2:22). Convence al mundo de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). A lo largo de la historia, Dios el Espíritu guió a los autores de los textos bíblicos para garantizar que la Palabra de Dios se estableciera como digna de confianza y verdadera (2 Pedro 1:20-21; cf. 1 Corintios 2:12-13; 2 Timoteo 3:16-17).

El Espíritu Santo intercede por los creyentes ante el Padre (Romanos 8:27). Les recuerda todo lo que el Hijo les enseñó y los bautiza en Su cuerpo (Juan 14:16-26; 1 Corintios 12:13-14). Mediante esta intercesión y bautismo, el Espíritu Santo obra para unificar y santificar a los creyentes, con el fin de conformarlos a la imagen de Cristo (Romanos 8:5-17, 29). Este proceso de santificación, que dura toda la vida, implica guiar y dirigir a los creyentes en sus caminos (Hechos 10:19-20), dotarlos de dones y habilidades para el servicio en la Iglesia (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:4-11), escudriñando sus corazones y ayudándoles en sus debilidades (Romanos 8:26-27), unificándoles en sus diferencias (1 Corintios 12:13) e impartiendo sabiduría divina (Proverbios 2). Por y mediante el poder de Dios el Espíritu, los creyentes son lavados, santificados y justificados en el nombre de Dios el Hijo (1 Corintios 6:11).