Pregunta

¿Cuál es el significado de la frase "Cristo es Rey"?

Respuesta
Una de las tragedias de vivir en un mundo caído es que, en ocasiones, las personas utilizan palabras, términos y frases sagradas con fines malvados. La expresión "Cristo es Rey" es un ejemplo de ello. Aunque su significado bíblico destaca y glorifica el dominio de Jesús sobre todas las autoridades terrenales, algunos han tergiversado la frase para promover el antisemitismo, una forma de racismo que consiste en el odio, los prejuicios y la discriminación contra el pueblo judío. Concretamente, algunas personas utilizan "Cristo es Rey" como eslogan en el contexto de negar el Holocausto, promover la teoría de una conspiración judía global y hablar de forma similar contra el pueblo judío.

La Biblia advierte a las personas sobre el uso indebido de los nombres de Dios, como en el tercer mandamiento: "No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano" (Éxodo 20:7). Del mismo modo, a veces las personas utilizan los nombres y títulos de Jesús con fines pecaminosos. Los hijos infieles de Esceva lo ilustraron invocando el nombre de Jesús cuando intentaban realizar un exorcismo. Incluso los demonios reconocieron que su invocación era impotente y, por lo tanto, no les afectó (Hechos 19:13-16; cf. 2 Corintios 11:4). Del mismo modo, esgrimir la frase "Cristo es Rey" como arma antisemita es utilizar el nombre de Jesús en vano, profanando un título sagrado y deshonrando su verdadero significado.

Como todas las formas de racismo, el antisemitismo es pecado, porque las personas de todas las etnias están hechas a imagen de Dios y, por lo tanto, tienen el mismo valor (Génesis 1:26-28). La creencia de que algunas razas son inferiores a otras socava la verdad de que Dios creó "todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la superficie de la tierra" (Hechos 17:26; Jeremías 27:5) y que Su plan incluye bendecir a "todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3). Además, el racismo se opone a las instrucciones de Jesús de "hacer discípulos de todas las naciones" a través del evangelio (Mateo 28:19-20). Tampoco reconoce la diversidad étnica del cielo, tal y como describe Juan: "una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero" (Apocalipsis 7:9).

Aunque la ignorancia impregna todo racismo, el antisemitismo en particular pone de manifiesto una falta de comprensión de la Biblia. El Antiguo Testamento revela el amor de Dios por el pueblo judío (Deuteronomio 7:6-8; Jeremías 31:3), y el Nuevo Testamento lo reitera (Romanos 11:1-2). Además, el antisemitismo descuida el papel de los judíos en el plan de Dios para salvar a personas de todas las razas (Génesis 12:3; Salmo 22:27; Hechos 3:25). El racismo hacia los judíos también pasa por alto de manera flagrante el hecho histórico de que Jesús, Su familia y la mayoría de Sus primeros seguidores eran judíos. En consecuencia, utilizar la Biblia para justificar el antisemitismo deshonra el plan de salvación de Dios y distorsiona el significado directo de Su Palabra (cf. 2 Timoteo 2:15).

En contraste con las enseñanzas de la Biblia, algunas ideologías racistas utilizan términos y símbolos cristianos para promover el antisemitismo. Por ejemplo, la llamada "identidad cristiana", una cosmovisión asociada con el grupo supremacista blanco Ku Klux Klan, sostiene que los anglosajones, los nórdicos y la inventada "raza aria" son los verdaderos israelitas. Según esta perspectiva, las personas llamadas judíos hoy en día son impostores ilegítimos que se identifican engañosamente como el pueblo elegido de Dios. Las afirmaciones erróneas de las enseñanzas de la Identidad Cristiana no son históricamente ciertas ni bíblicamente precisas, sino que son mentiras satánicas (cf. Juan 8:44).

Algunas enseñanzas sobre la marca de Caín son un ejemplo de cómo se tergiversa la Biblia para promover el racismo. Según una interpretación prejuiciosa, Dios maldijo a Caín con una piel oscura. Esta explicación contradice la enseñanza del Génesis, que dice que la marca significa la protección de Dios, no su castigo. "Cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y el Señor puso una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallara no lo matara" (Génesis 4:15). Como muestra este ejemplo, una lectura directa de la Biblia destruye las interpretaciones racistas.

A pesar del mal uso que algunos hacen de "Cristo es Rey", los cristianos deben creer y defender lo que dice la Biblia sobre la realeza de Jesús. Es importante destacar que el Nuevo Testamento comienza con el anuncio de que Jesús es Rey y termina con la proclamación de lo mismo. Al principio de Mateo, Jesús es llamado Rey de los judíos, una identidad que Él mismo confirma más adelante (Mateo 2:2; 27:11). Posteriormente, al final del Apocalipsis, la descripción del regreso de Jesús lo muestra llevando una banda de victoria en la que se lee: "Rey de reyes y Señor de señores", lo que declara Su dominio sobre todos los gobernantes mundanos (Apocalipsis 19:16). Por consiguiente, la solución al uso indebido del nombre de Jesús no es dejar de pronunciarlo o suavizar su significado, sino proclamar su verdad en voz alta y con valentía.

Cristo es Rey. La respuesta adecuada a la realeza de Jesús es mostrarle una lealtad sin igual y rendirle el homenaje que se merece. Además, la respuesta adecuada al antisemitismo es llamarlo pecado, contrarrestar los argumentos que lo sustentan (2 Corintios 10:4) y defender lo que la Biblia enseña sobre la igualdad racial. Cuando Jesús regrese como Rey conquistador, la victoria que obtuvo sobre el pecado en la cruz se manifestará plenamente y, al igual que todas las demás maldades, la ira de Dios se dirigirá contra el antisemitismo para destruirlo. Hasta entonces, que todos los que aborrecen el racismo como Dios lo hace oren fervientemente: "Ven pronto, Señor Jesús" (1 Corintios 16:22).