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Pregunta: "¿Qué dice la Biblia sobre el optimismo?"

Respuesta:
El optimismo es "la tendencia a esperar el mejor resultado posible o a insistir en los aspectos más esperanzadores de una situación". Los optimistas suelen pensar que en el futuro ocurrirán "cosas buenas" o que se producirá lo que esperan y sueñan. Por naturaleza, la mayoría de las personas tienden al optimismo o al pesimismo, independientemente de su relación con Dios. El vaso de todos está "medio lleno" o "medio vacío". Por tanto, el optimismo no es necesariamente lo mismo que la fe en Dios. Puede ser un rasgo natural de la personalidad que no tiene nada que ver con la fe.

El optimismo de este mundo no se basa en la fe en Dios. Muchos incrédulos simplemente evitan preocuparse porque la vida es más agradable de esa manera. Su lema es: "No te preocupes, sé feliz". Pueden poner su fe en un gran número de dioses de menor importancia, como el karma, la negación, el "universo" o la ignorancia voluntaria. Esto puede funcionar temporalmente, pero se trata de un optimismo erróneo sin fundamento real. Las personas optimistas disfrutan más de la vida y suelen ser más agradables porque se niegan a preocuparse por cosas que no pueden controlar. Sin embargo, por el simple hecho de que una persona parezca optimista no significa que tenga gran fe en Dios o que esa fe sea la adecuada.

Sin darse cuenta, algunos cristianos también colocan su fe en un "dios menor" porque entienden la fe de forma errónea. Puede que se aferren obstinadamente a la creencia de que recibirán todo lo que desean simplemente porque lo creen con todas sus fuerzas. Tratan de mostrarse optimistas porque temen que las "confesiones negativas" puedan anular sus peticiones de oración. O simplemente se aferran a la idea de que hay poder en el pensamiento positivo. Se trata de un falso optimismo porque no se basa en la naturaleza soberana de Dios, sino en su propia capacidad de creer lo suficiente para conseguir lo que quieren. Esto los puede llevar a la confusión y a sentirse desilusionados con Dios porque sus peticiones siguen sin cumplirse.

El optimismo bíblico es el resultado de la fe en el carácter de Dios. La Biblia se refiere a esto como "esperanza". Romanos 15:13 dice: "Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo". Cuando esperamos en Dios, ponemos nuestra confianza en Su plan soberano muy por encima de lo que nos dicen las circunstancias. Romanos 8:24-25 lo explica de esta manera: "pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos". Pablo está hablando de nuestra recompensa futura y de las cosas que "Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9).

A pesar de lo que pueda ocurrir en esta vida, sabemos que Dios ve, se preocupa y "enjugará toda lágrima de nuestros ojos" cuando estemos para siempre con Él (Apocalipsis 21:4). Esa confianza puede darnos una perspectiva optimista, incluso en circunstancias difíciles. El optimismo bíblico no pone tanto énfasis en los acontecimientos terrenales. El optimismo puede aceptar las circunstancias difíciles porque cree "que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:28). La esperanza divina mira más allá de lo que entendemos para ver la vida desde la perspectiva de Dios.

Dios nos diseñó para vivir con esperanza. El Salmo 43:5 dice: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío". El optimismo es una elección. Cuando decidimos confiar en Dios para todo, podemos descansar en Sus promesas de cuidar de nosotros de la manera que Él considere oportuna (Filipenses 4:19; Lucas 12:30-31). Lo podemos hacer "echando toda nuestra ansiedad sobre él" (1 Pedro 5:7), "sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios" (Filipenses 4:6), y aceptar su "paz que sobrepasa todo entendimiento" (Filipenses 4:7). Para todo hijo de Dios, el saber que tenemos un Padre celestial amoroso que desea cuidarnos y proveernos debería ser un motivo de verdadero optimismo (Mateo 6:8; Lucas 12:29-31).



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