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Pregunta: "¿Qué dice la Biblia sobre la caridad?"

Respuesta:
Generalmente pensamos en la "caridad" como "la compasión que se tiene con los pobres; un acto de beneficencia". La Biblia tiene mucho que decir sobre este tipo de caridad y sobre cómo debemos cuidar a los pobres y necesitados que están entre nosotros. Quizá uno de los pasajes más famosos sobre el cuidado de los necesitados se encuentra en la parábola de Jesús sobre las ovejas y las cabras. Dice: "Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí....De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis". (Mateo 25:34-36, 40). Está claro que si nos preocupamos por alguien necesitado, hacemos la voluntad de Cristo.

Juan escribe: "Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?" (1 Juan 3:17-18). Del mismo modo, Santiago dice: "Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Santiago 2:14-17). La forma en que nos ocupamos de los necesitados es un reflejo de nuestro amor a Cristo y de nuestra posición como Sus hijos. En otras palabras, es una prueba de nuestra salvación y de la presencia del Espíritu Santo en nosotros.

Cuando consideramos un acto específico de caridad o una organización de beneficencia en la cual nos involucramos, debemos hacer uso de la sabiduría y el discernimiento. Dios no nos llama a dar ciegamente a cada necesidad, sino que debemos buscar Su voluntad al respecto. Debemos ser buenos administradores y hacer todo lo posible para asegurarnos de que el tiempo, el dinero y los talentos que damos a las organizaciones benéficas se utilicen correctamente. Pablo le dio a Timoteo instrucciones detalladas para el cuidado de las viudas en la iglesia, incluyendo la clase de mujeres que debían ser incluidas en la lista y las advertencias sobre lo que podría suceder si la caridad se daba de manera inapropiada (1 Timoteo 5:3-16).

La caridad no tiene por qué ser siempre en forma de dinero o de lo que consideraríamos un acto típicamente "caritativo". Cuando Pedro y Juan se encontraron con un mendigo lisiado, en vez de darle monedas, Pedro dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda" (Hechos 3:6). La caridad es dar cualquier recurso que tengamos para satisfacer la necesidad de otro. Las instrucciones de Dios a los israelitas en Deuteronomio establecen el ejemplo de dar de forma caritativa para los israelitas. "Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga el Señor tu Dios en toda obra de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto" (Deuteronomio 24:19-22). Lo más importante que debemos recordar en la caridad es que todo lo que tenemos pertenece a Dios, y todo lo que damos es una respuesta a Su amor por nosotros (1 Juan 4:19).

Cuando vemos nuestros recursos no sólo como la provisión de Dios para nosotros, sino como las herramientas que Él desea que utilicemos para cuidar de los demás, empezamos a comprender la inmensidad de Su amor y soberanía. Como hijos espirituales de Abraham, nosotros también somos "bendecidos para ser una bendición" (Génesis 12:1-3). Somos llamados a relacionarnos con Dios y con Su pueblo. Cuando ayudamos a los que Él ama, le ayudamos a Él. "Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir" (Lucas 6:38).

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