Pregunta
¿Qué significa "nosotros somos la verdadera circuncisión" (Filipenses 3:3)?
Respuesta
En Filipenses 3:3, Pablo dice: "nosotros somos la verdadera circuncisión", y esta afirmación está llena de significado. La frase completa dice: "Porque nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne". En este pasaje, Pablo expresa un cambio radical de la circuncisión física, que los legalistas de su época buscaban imponer, a la circuncisión espiritual, que es una cuestión del corazón.
Algunos creyentes del siglo I estaban siendo sometidos a la falsa enseñanza de que debían guardar la Ley de Moisés —en particular, la circuncisión— para ser verdaderamente salvos. Pablo advierte a la iglesia contra tal falsedad, diciendo: "cuídense de la falsa circuncisión" (Filipenses 3:2). A continuación, complementa la advertencia diciendo a la iglesia que los rituales físicos no tienen poder para otorgar vida espiritual: la verdadera circuncisión son aquellos "que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne" (Filipenses 3:3).
Al decir: "nosotros somos la verdadera circuncisión", Pablo indica que los verdaderos creyentes, independientemente de su nacionalidad o etnia, han sido apartados para Dios. Esta designación desafía el énfasis judío en la circuncisión física como marca esencial de una relación de pacto con Dios. En Romanos 2:28-29, Pablo profundiza en esta idea diciendo: "Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne. Pues es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios". La verdadera circuncisión, entonces, es del corazón. Mejor que conformarse a un ritual externo es tener un corazón que ha sido regenerado por el Espíritu Santo (ver Juan 3:3, 5 y Tito 3:5).
El Antiguo Testamento insinuaba este mismo principio. La propia Ley de Moisés ordenaba a Israel: "Circunciden, pues, su corazón, y no sean más tercos" (Deuteronomio 10:16; cf. Deuteronomio 30:6). Siglos más tarde, el profeta Jeremías les decía lo mismo: "Circuncídense para el Señor, y quiten los prepucios de sus corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, no sea que Mi furor salga como fuego y arda y no haya quien lo apague, a causa de la maldad de sus obras" (Jeremías 4:4).
El uso que Pablo hace de la palabra "nosotros" en Filipenses 3:3 representa la unión de todos los creyentes, ya sean judíos o gentiles. En la época de Pablo, tal unión era una idea radical, ya que redefinía lo que significaba estar en la casa de Dios. Pero, en Cristo, judíos y gentiles son "uno" (Gálatas 3:28). Pablo dice: "Porque Él [Cristo] mismo es nuestra paz, y de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, poniendo fin a la enemistad en Su carne, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en Él mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz" (Efesios 2:14-15). Cristo ha abolido la necesidad de la circuncisión física, que antes separaba a los judíos de los gentiles. Ahora somos la circuncisión (espiritual); somos "conciudadanos de los santos y son de la familia de Dios" (Efesios 2:19).
La cuestión es que la circuncisión física no es necesaria para la salvación. Pablo dice: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor" (Gálatas 5:6). Pablo hace una observación similar en el capítulo siguiente, diciendo: "Porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea sobre ellos y sobre el Israel de Dios" (Gálatas 6:15-16). La idea es que la verdadera circuncisión produce un cambio de disposición, un cambio sobrenatural de naturaleza, más que un cambio físico.
Además, la verdad de que somos la circuncisión lleva a los creyentes a reflexionar sobre la naturaleza de la verdadera adoración. Según Filipenses 3:3, los verdaderos creyentes ("la circuncisión") son aquellos que "adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús". Esto recuerda las palabras de Jesús: "Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espírituy en verdad" (Juan 4:23-24). Así pues, cuando Pablo dice: "nosotros somos la verdadera circuncisión", está llamando nuestra atención sobre la adoració n sincera y genuina a Dios. Nosotros "nos gloriamos en Cristo Jesús, no poniendo la confianza en la carne" (Filipenses 3:3).
Nacer de nuevo trae un verdadero cambio. Nuestros corazones han sido circuncidados por el Espíritu Santo, quien ha reemplazado nuestros corazones de piedra por corazones de carne (ver Ezequiel 36:26). Ahora podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad.
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¿Qué significa "nosotros somos la verdadera circuncisión" (Filipenses 3:3)?
