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Pregunta

En Números 12:10, ¿por qué solo Miriam fue castigada con la lepra y no Aarón?

Respuesta


En Números 12, Dios destaca la autoridad única de Moisés y su condición de mediador del pacto entre Dios y Su pueblo. La hermana de Moisés, Miriam, era profetisa (ver Éxodo 15:20-21), y su hermano, Aarón, era el sumo sacerdote de Israel. Ambos tenían un papel destacado en la comunidad, pero Moisés era único entre los siervos de Dios, ya que solo él recibía comunicaciones directas de Dios. La elección de Moisés por parte de Dios se enfatiza cuando Miriam y Aarón desafiaron la autoridad de Moisés.

Miriam y Aarón criticaron a Moisés por casarse con una mujer cusita (que no formaba parte del pueblo del pacto de Dios). Pero su desaprobación fue aún más lejos, cuestionando si Moisés merecía ser el líder de Israel. "Entonces Miriam y Aarón hablaron contra Moisés por causa de la mujer cusita con quien se había casado, pues se había casado con una mujer cusita; y dijeron: ¿Es cierto que el Señor ha hablado solo mediante Moisés? ¿No ha hablado también mediante nosotros?" (Números 12:1-2a).

Cuando el Señor escuchó su queja, "el Señor descendió en una columna de nube y se puso a la puerta de la tienda; y llamó a Aarón y a Miriam" (Números 12:5). Los reprendió y les preguntó: "¿Por qué, pues, no temieron hablar contra Mi siervo, contra Moisés?" (Números 12:8). El Señor se marcha y "cuando la nube se retiró de sobre la tienda, vieron que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve" (Números 12:10).

Surge una pregunta natural: ¿por qué Miriam fue castigada con la lepra y Aarón no? La Biblia no da una respuesta definitiva, pero podemos reunir varias pistas. En primer lugar, consideremos si el castigo de Miriam fue adecuado. Miriam parece haber sido la instigadora de la queja contra Moisés, ya que su nombre aparece en primer lugar en el relato. La gramática también señala a Miriam como culpable, ya que el verbo hebreo traducido como "hablaron contra" en Números 12:1 es femenino y singular.

Irónicamente, Dios castigó a Miriam con la lepra, volviendo su piel blanca, después de que ella menospreciara al líder elegido por Dios por casarse con una mujer negra. La queja de Miriam puede implicar una difamación racial contra la esposa de Moisés, que era de una nación africana situada entre Egipto y Etiopía. Si es así, la crítica de Miriam reveló no solo un desprecio por la autoridad de Moisés, sino también un prejuicio racial. Y el Señor no lo toleró. Si Dios mismo no tenía ningún problema con que Moisés se casara con una extranjera negra, ¿por qué Miriam y Aarón se oponían?

La queja traicionera contra Moisés parece tener su origen más bien en la extrovertida y carismática Miriam, que había liderado a las mujeres de Israel en el canto y la danza tras la liberación en el Mar Rojo (ver Éxodo 15:20-21). Aarón tenía un temperamento mucho más débil, conciliador y apaciguador (ver Éxodo 32). En Números 12, se arrepiente inmediatamente y le dice a Moisés: "Señor mío, te ruego que no nos cargues este pecado, en el cual hemos obrado neciamente y con el cual hemos pecado" (Números 12:11). Este arrepentimiento intercesor encaja con el papel de Aarón como sumo sacerdote y tal vez proporcione la mejor explicación de por qué Dios no lo castigó con la lepra.

Las normas del sacerdocio aarónico enfatizan que un sacerdote debe estar físicamente sin mancha para servir (Levítico 21-22). Si un sacerdote se volvía ritualmente impuro en cualquier momento, debía abstenerse de sus deberes sacerdotales hasta que fuera purificado. Una enfermedad de la piel como la lepra habría hecho a Aarón ritualmente impuro y le habría impedido el acceso al lugar santo y a la presencia de Dios.

Al no castigar a Aarón con la lepra, Dios lo preservó en su papel esencial como sumo sacerdote. Que Aarón dejara de cumplir con sus deberes en un momento tan crítico, cuando apenas se estaban estableciendo, habría sido muy perturbador para toda la comunidad. Miriam no desempeñaba un papel tan importante.

Dios conoce los roles más adecuados para cada uno de Sus siervos, y conoce el castigo más beneficioso para el pecado. Aarón no fue castigado de la misma manera que Miriam, pero podemos estar seguros de que Dios también se ocupó de su pecado. La Palabra nos asegura que el castigo de Dios es siempre apropiado y no debe ser rechazado, ya que es una señal de su amor por Sus hijos (Job 5:17-18; Proverbios 3:11-12; Hebreos 12:8-11). Podemos confiar en que el castigo del Señor siempre es menor de lo que merecen nuestros pecados (Esdras 9:13) y que Su disciplina tiene un propósito bueno y amoroso (Salmos 119:71-72; Proverbios 22:15; 1 Corintios 11:32).

Dios no castigó a Miriam con la lepra por ira o venganza. Su disciplina hacia ella tenía como objetivo advertir a todo Israel que no se opusieran a las decisiones de Dios. Dios trató a Miriam como un padre trataría a su hija, lidiando con su rebelión, pero luego restaurándola con amor y trayéndola de vuelta a la comunión (Números 12:13-16). Miriam experimentó el amor severo. La lección que aprendió todavía nos habla hoy: sin importar quiénes seamos, no debemos pensar que sabemos más que Dios.

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