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Pregunta

¿Qué significa que el viento sopla donde quiere (Juan 3:8)?

Respuesta


En Juan 3:8, Jesús dice: "El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu". La afirmación de que el viento sopla donde quiere forma parte de la conversación de Jesús con Nicodemo sobre el nuevo nacimiento.

La ilustración de Jesús, que compara el soplar del viento con la obra del Espíritu Santo, es brillante. La palabra griega para "viento" (pneuma) es la misma que la palabra para "espíritu". Nicodemo era un erudito que conocía el hebreo bíblico, y la misma conexión lingüística entre viento y espíritu existía en ese idioma con la palabra ruach. Era el ruach de Dios el que "se movía sobre la superficie de las aguas" en la creación (Génesis 1:2). El mismo Espíritu que trajo la vida a la creación del mundo también trae el renacimiento a las almas humanas.

Sabemos poco sobre Nicodemo, excepto que era un fariseo, "prominente entre los judíos" (Juan 3:1) y "maestro de Israel" (versículo 10). Nicodemo acudió a Jesús de noche (Juan 3:2), probablemente porque no quería que otros miembros del Sanedrín lo vieran con Jesús. Podemos suponer ciertas verdades sobre él: 1) era legalista, 2) era santurrón y 3) probablemente era un anciano. Y necesitaba nacer de nuevo.

La expresión "nacer de nuevo" también puede significar "nacer de lo alto". La idea es que todos, incluido Nicodemo, necesitamos ser regenerados por el Espíritu Santo (ver Tito 3:5). Notemos que la necesidad imperiosa de nacer de nuevo se le dice a Nicodemo, el maestro de Israel (Juan 3:10). Si él necesita nacer de nuevo, ¿cuánto más necesitamos nosotros?

En Juan 3:6, Jesús dice: "Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". Jesús quiere decir que lo semejante produce lo semejante. En otras palabras, un nacimiento humano solo puede producir personas que pertenecen a una familia terrenal, pero no a la familia de Dios (cf. Juan 1:12). Es el Espíritu Santo quien debe producir el nuevo nacimiento que nos convierte en hijos de Dios (Juan 6:63; Romanos 8:16).

En Juan 3:8, Jesús compara la obra del Espíritu Santo con la forma en que sopla el viento: "El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu". El objetivo de esta comparación es enfatizar la soberanía del Espíritu Santo en la regeneración. No podemos controlar el movimiento del Espíritu Santo más de lo que podemos controlar el viento.

Jesús le recuerda a Nicodemo que podemos oír el sonido del viento, pero no podemos saber de dónde viene ni cuál es su próximo destino (Juan 3:8). Podemos ver los efectos del viento —el balanceo de los árboles, el movimiento de los veleros, el desplazamiento de las nubes—, pero no podemos ver el viento en sí. El viento sigue siendo un misterio. Hay mucho sobre él que no se explica. Del mismo modo, cuando el Espíritu Santo trae nueva vida al corazón humano, haciendo que alguien nazca de nuevo, el proceso es invisible y misterioso. Sin embargo, podemos ver los efectos de la presencia del Espíritu en el fruto que produce y en la vida que transforma.

No hay nada que podamos hacer para provocar el nuevo nacimiento. Sería como intentar crear olas en el océano. El viento debe traer las olas, y el Espíritu Santo debe moverse dentro del corazón humano para traer vida espiritual. A través de todo ello, el Espíritu sigue siendo soberano: se mueve donde quiere, igual que el viento.

Es significativo que, en el día de Pentecostés, cuando los discípulos en Jerusalén esperaban el poder de lo alto, el Espíritu se manifestó con el sonido del viento: "y de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados... Todos fueron llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2:2, 4). Después de eso, el mundo cambió para siempre.

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