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Pregunta

¿Cómo debería un cristiano reaccionar si contrae una enfermedad de transmisión sexual (ETS)?

Respuesta


Desde la caída del hombre en el Jardín del Edén (Génesis 3:17; Romanos 5:12), el pecado ha creado dolor y sufrimiento para los seres humanos. Las enfermedades, incluidas las de transmisión sexual, son una de las consecuencias del pecado. Una enfermedad de transmisión sexual (ETS) no es una enfermedad peor que cualquier otra. Sin embargo, las circunstancias que llevaron a contraer la enfermedad determinan la forma en que la persona debe enfrentarla.

No todas las enfermedades de transmisión sexual se contraen por el pecado. Muchos cónyuges inocentes han descubierto la tragedia de que su cónyuge ha sido infiel sólo cuando un médico les diagnostica una enfermedad. Cuando un cristiano contrae una ETS por parte de su cónyuge, hay un profundo sentimiento de traición. No sólo hay que enfrentarse al adulterio, sino que la parte inocente ha tenido que padecer una enfermedad que se podría haber evitado sin tener la culpa. El dolor, la rabia, el daño y la tristeza son reacciones lógicas cuando se descubre que se ha violado la confianza. Si bien la atención médica debe ser parte de la sanidad física, también puede ayudar el tratar estos temas con un consejero bíblico competente. El perdón es fundamental, ya sea que el matrimonio sobreviva o no. Perdonar a quienes nos han hecho daño nos libera para seguir adelante con la vida que Dios ha planeado para nosotros (2 Corintios 2:10-11).

Sin embargo, muchas veces la enfermedad de transmisión sexual se contrae a través de la inmoralidad sexual que uno mismo elige. Aunque las Escrituras son claras en cuanto a que cualquier comportamiento sexual fuera de los límites de un matrimonio de un hombre y una mujer es pecado (1 Tesalonicenses 4:3; Colosenses 3:5; Hebreos 13:4), los cristianos siguen cruzando la línea y a veces se encuentran cosechando las consecuencias de ese pecado. Gálatas 6:7 dice: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". Cuando coqueteamos con el pecado, nos engañamos pensando que no nos hará daño. Una ETS es una de las formas en que el pecado sexual puede dañarnos (1 Corintios 6:18).

El pecado nos separa de la comunión con Dios. Cometer un pecado no nos aparta de la familia de Dios, pero nos impide disfrutar de la plena bendición de la comunión con Él. Primera de Juan 1:9 no sólo es aplicable a las enfermedades de transmisión sexual, sino también a cualquier otro pecado que cometan los creyentes. Contraer la enfermedad no es el pecado; lo que es pecado es la inmoralidad sexual. Muchas veces pensamos que el pecado es peor cuando se produce una enfermedad o un embarazo, pero eso no es cierto. Las consecuencias pueden parecer peores, pero el pecado es igual de malo para Dios, experimentemos o no consecuencias físicas.

El arrepentimiento es el primer paso que debemos dar cuando nos enfrentamos a nuestro propio pecado. Arrepentimiento significa que cambiamos de opinión sobre nuestro pecado; confesión significa que estamos de acuerdo con Dios sobre nuestro pecado. Tenemos un cambio total de pensamiento que resulta en un cambio de dirección. Cuando vemos nuestro pecado como lo ve Dios, queremos apartarnos de él. Muchas veces sólo las consecuencias severas nos despiertan y nos hacen cambiar. Desafortunadamente, incluso después del arrepentimiento y un cambio de estilo de vida, las consecuencias del pecado generalmente permanecen - malos recuerdos de las elecciones de nuestro pasado.

En vez de permitir que Satanás utilice una ETS para burlarse y condenar, un cristiano puede optar por aceptar la enfermedad como un símbolo de la gracia de Dios. Cuando los síntomas se manifiestan, un cristiano arrepentido puede aprovechar la ocasión para recordar cuánto hizo Jesús por hacernos justos a pesar de ser tan injustos (2 Corintios 5:21). Un cristiano con una ETS puede aceptar la verdad de Romanos 8:1 y agradecer a Dios por Su misericordia y perdón. Vivir victoriosamente requiere que adoptemos la actitud de José cuando se enfrentó a sus malvados hermanos (Génesis 37:23-28). Él podría haberse revolcado en el pasado y aferrarse a la amargura y a la pena. En vez de eso, dijo: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien" (Génesis 50:20).

Dios promete hacer que todo sea para bien cuando le amamos y buscamos Su propósito para nuestras vidas (Romanos 8:28). A pesar de lo doloroso y humillante que puede ser una enfermedad de transmisión sexual, un cristiano victorioso confía en que Dios hará que incluso algo malo se convierta en algo bueno cuando él o ella se rindan a Su plan. Una ETS es un continuo recordatorio de la paga del pecado (Romanos 6:23) y también de la grandeza del poder restaurador de Dios (Romanos 5:20). Es una fuente de humildad, que siempre agrada a Dios (Santiago 4:6). Una ETS también puede ser un poderoso instrumento para disuadir a otros de pecar como parte de un testimonio. En última instancia, el resultado de cualquier acontecimiento de la vida depende en gran medida de cómo respondamos a él. Podemos permitir que nos defina y nos obstaculice, o podemos dejar que Dios lo transforme en una herramienta que utiliza para hacernos más parecidos a Cristo.

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